9 años sin Rodrigo

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Con los años he ido consiguiendo no rememorar siempre los días previos a tu marcha, en algo me tenía que servir la maldita difuminación  de los recuerdos. Con el tiempo, el efecto aniversario se focaliza, se vuelve intermitente, golpea y se esconde, en lugar de instalarse como un dolor crónico, lacerante e inmitigable.

Pienso en ti, Rodrigo, pero sobre todo en lo que pudo ser y no ha sido. Los momentos compartidos hermosos los guardo y acaricio como un avaro su tesoro, los tristes o desagradables los dejo ir tiñéndose de amarillo sepia… Y con ellos se van la culpa que siempre ronda agazapada, la pena negra inconsolable, la rabia o la consciencia de injusto desamparo.

Pienso en ti, hijo. Hasta cuando leo lo último que ha llegado a mis manos y que tiene un título que no termino de recordar (es lo malo de los lectores electrónicos, que como no ves la portada tantas veces como con los libros de papel, terminas no sabiendo cómo se llama lo que estás leyendo), un título que me habla de ti y de tu ausencia: la ridícula idea de no volver a verte, la absurda idea de no volver a verte, la extraña idea de no volver a verte, la tonta idea de no volver a verte; la imposible, impensable, abominable, rara, ajena… un baile de sinónimos hirientes y al final más de lo mismo:  la constatable y maldita realidad de no volver a verte.

Ayer tarde encargué las flores que acompañan siempre tu lápida en el aniversario. Los floristas recuerdan mis anteriores encargos. Yo los recuerdo también y compruebo que estoy más serena en mis palabras que otras veces, y que ya no tengo que tragar saliva para no llorar.

Nueve años sin ti, aunque acompañes nuestros pasos a tu modo, son demasiados, hijo. Mas aun así, te queremos, te recordamos, te añadimos a nuestro cómputo y seguimos siendo cuatro, decimos tu nombre amado y te llamamos cuando creemos que nos puedes iluminar en algo.

Dentro de dos días acudiremos a algunos de los actos que se siguen celebrando en vuestra memoria. No dejes de acompañarnos, hijo, porque removerán el dolor de esta larga ausencia vuestra, impuesta por el fanatismo, el afán de poder y la barbarie.

almohadon funerario

11 de marzo: ocho años sin Rodrigo

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En este nuevo aniversario del asesinato de nuestro hijo os ruego que unamos nuestros corazones con la mejor voluntad. Que intentemos sentir el amor, la amistad, el respeto, los buenos recuerdos…

Por favor, llenemos el aire de buenos sentimientos.

En la rabia y la maldad en que se ahoguen los canallas, los asesinos de gentes y de ideas, pero no nosotros.

Por Rodrigo, por todos y cada uno de los 192 asesinados.

Nosotros somos más. El amor puede más. Y la Justicia. Y la esperanza.

Navidad

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Es Navidad y en casa hay una silla vacía.

Siempre estará vacía a los ojos ciegos de los otros, pero dulcemente ocupada para los amorosos ojos nuestros.

En nuestra casa hay varias sillas especiales de Navidad.

Las de los que ya no se sientan.

Las de los que ya no vivimos las fiestas como antes.

Las de los que llegarán, plenos de nueva vida, pero aún no lo han hecho.

Las de los que no entienden nada y molestan con sus actitudes, pero son familia al fin y al cabo.

Las de los que comparten en silencio amoroso y discreto.

Las de los niños inocentes y sabios que aprenden con nosotros a respetarlas todas.

Os deseamos suaves, serenas fiestas a todos.

Estar de duelo en Navidad (4)

 

DÍAS FESTIVOS Y RESPUESTA FAMILIAR

Con la celebración familiar del día festivo pueden presentarse dos situaciones opuestas en cuanto a la respuesta de los miembros de la familia; esta respuesta obedece tanto a las estructuras internas establecidas y mantenidas por las familias desde su existencia (conjunción de familias tanto propias como de origen) como al nivel global de estrés que cada uno esté soportando:

Si usted viene de una familia amorosa, abierta y expresiva, tratarán con la pérdida de la misma manera, amorosa, abierta y expresivamente.

Su expresión práctica suele ser como sigue: todos muestran sus mejores caras, algunas mejor que otras, pero lo que es más importante es que ellos han escogido utilizar su tiempo juntos.

En lugar de pretender que nada ha pasado, ellos, en algún momento, son conscientes de la persona perdida. Hablan de ella y de lo que decía no hace mucho tiempo, sonríen y lloran juntos.

Para ellos no se trata de olvidar la persona perdida, pues no pueden hacerlo. Liberándose ellos mismos de las emociones más dolorosas, harán lugar para los recuerdos más queridos que están dentro de ellos. Y empezando a hacerlo en estas fiestas, harán que su siguiente fiesta sea menos dolorosa.

Si, por el contrario, usted viene de una familia a la que no le gusta expresar sus sentimientos, lo que puede esperar es que se adhieran a la estrategia de negación para afrontar esta circunstancia de la pérdida actual, bastante más estresante. Debido a que el duelo lleva consigo emociones extremadamente intensas, sus reacciones probablemente serán más extremas de lo usual.

Por tanto, puede ser más duro pasar estos días de fiesta sintiéndose mal con las personas que le rodean así como tener que pasar, de ahí en adelante, otro día de fiesta en su compañía.

Su expresión práctica suele ser como sigue: todos están en la fiesta mostrando su mejor cara; pretenden que nada ha pasado ni cambiado. Para ellos es muy importante hacer esto debido a que no hacerlo sería muy doloroso.

Están tensos, discuten entre sí, se aíslan porque no aguantan esta situación de “mantener” todo en su interior, otros “ahogan” su dolor de diversas maneras. Finalmente, algunos se ocultan para poder llorar libremente. Así, se mezclan sentimientos de rabia contenida y tristeza y las personas terminan dolidas unas con otras, rabiosas, molestas y posiblemente no vuelvan a asistir a una fiesta familiar.

Estos son, de hecho, los dos extremos del especto. Las familias estarán entre ambos extremos. Aquí es donde la elección individual acerca de cómo enfrentar los días de fiesta es importante.

COSAS PARA HACER LOS DÍAS ESPECIALES

1. Celebre la Navidad en noviembre, por ejemplo, y pase el mes de diciembre tranquilo. O no la celebre.
2. No comunique su cumpleaños.
3. En fechas especiales (fecha del diagnóstico, de la cirugía, el accidente, etc.) quédese solo o con alguien que no conozca nada de usted, o con alguien que sí pero que no le agobia.
4. Retire adornos alusivos a fiestas.
5. Prepare una comida especial, no usual.
6. Invite a la familia en su nombre.
7. Envíe postales y tarjetas aunque no espere ninguna respuesta.
8. Cante villancicos.
9. Adorne diferente su casa o vaya a otra casa esta vez.
10. Vaya a la iglesia/templo/sinagoga con alguien y no solo.
11. Permanezca activo y haga deporte de grupo.
12. Encuentre a alguien con quien pasar las fiestas.
13. Haga algo por usted mismo.
14. Recuerde a la persona fallecida y hable de él; también puede preparar un discurso.
15. Escriba una carta o léala.
16. Salga de la ciudad o haga un viaje.
17. Plante algo.
18. Cocine un pastel de cumpleaños.
19. Haga un albun de recuerdos.
20. Libere un globo.
21. Visite el cementerio y ponga flores.
22. Regálese algo que él o ella le habría querido regalar.
23. Encuentre a alguien con una necesidad específica y llénela.
24. Haga algo agradable por usted mismo.
25. Haga conmemoraciones.
26. Encienda una vela.
27. Cante canciones o escuche música.

Estar de duelo en Navidad (3)

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Cuídese

Debido a que los aniversarios y otras fechas conmemorativas son muy agotadores física, emocional y psicológicamente, es importante que se alimente bien, descanse lo suficiente, evite usar el alcohol para olvidar las penas y tenga en cuenta los siguientes conceptos:

A. Aunque se supone que las personas deben estar felices y contentas en las fiestas, usted no se sentirá de esa forma ni mucho menos. Si usted no se siente feliz, acepte sus sentimientos y no luche contra ellos. Sea tolerante con su humor y sus emociones y permítase experimentarlos. Si trata de negar o bloquear sentimientos negativos, simplemente los forzará a profundizarse más en el interior de su mente. Eventualmente ellos encontrarán la forma de expresarse, quizá de una forma no muy saludable para usted. Si los siente sin juzgarles o suprimirles, se disiparán, reduciendo considerablemente el estrés que producen.

B. Dígase usted mismo: en el duelo nada está escrito en las piedras (“nada es definitivo, excepto la ausencia”). Cuando se acerquen los días festivos, tenga cuidado: su vida ha cambiado tremendamente, y eso puede significar cambiar la comida, el lugar y/o establecer nuevas costumbres.

C. Nuestra vida es lo que nuestros pensamientos hacen de ella, por ello, piense, hable y actúe positivamente. Empezar la época festiva diciéndose “esta es la peor época del año” establece una cruel y negativa visión que deprimirá su humor, sus actitudes y acciones.

D. Detenga todos los pensamientos negativos; así, tan pronto como ellos empiecen, reemplácelos por pensamientos edificantes y positivos: “en lugar de pensamientos de pérdida trataré de disfrutar de esta época”, “estas fiestas me van a dar la oportunidad de profundizar mis relaciones con otros y formar otras nuevas”, etc. Al usar sentencias afirmativas usted abre la puerta a unas fiestas de esperanza y placer en lugar de desesperación y dolor.

E. Examine sus expectativas. Nunca espere que las cosas sean igual que antes: nada es ni será igual. Evite afanarse por la perfección. Recuerde que sentirse mal en esta época es normal. No se juzgue duramente debido a que sus emociones pueden ser más volátiles durante esos días; reconozca su estrés y ansiedad como normales. Trate de estar en sintonía con sus sentimientos y responda acorde: si quiere llorar, llore; si siente la necesidad de estar solo unos minutos u horas, hágalo. Si en el pasado usted era el principal responsable de hacer del día de fiesta una rica experiencia familiar, no se sienta presionado de continuar con ese patrón; no trate de hacerlo todo usted mismo: pídale a otro familiar o amigos que le ayuden con las compras, la cocina, el cocinar, decorar y envolver regalos.

F. La pérdida de un ser querido afecta el patrón de sueño normal y los hábitos alimentarios. Así, sus niveles de energía disminuirán. Sea paciente consigo mismo y respete sus limitaciones naturales. Respete lo que su cuerpo y mente le están  diciendo, y disminuya sus propias expectativas acerca de estar al máximo durante las fiestas.

G. Llore todo lo que pueda pero siga adelante con las fiestas. Las lagrimas y la tristeza son parte natural del duelo, así, no tienen porqué arruinar toda la fiesta para usted y/o para los otros. Si llora cuando lo desea, descargará tensión y estará en mejores condiciones para la fiesta. Concédase tiempo para recordar a su ser querido y tiempo para distraerse de los recuerdos (para hacer otras cosas). Durante el duelo hay tiempo para cada cosa, y esto es especialmente importante recordarlo durante las fiestas.

H. También puede elevar su estado de ánimo mediante la música: ella es la luz en la tenebrosa noche de la vida. La musicoterapia actúa en el dolor emocional y físico, reduce la tensión y transforma el humor.

I. Concéntrese en lo verdaderamente significativo de la fiesta. Las fiestas son un tiempo para estar juntos, dar gracias y compartir con la familia y los amigos, por los beneficios materiales y espirituales disfrutados durante todo el año. Enfóquese en profundizar sus lazos de amistad. Recuerde que las fiestas son mucho más que compras, decoración y comida. Dígale a otros lo que necesita. Si no tiene ánimos de ver a nadie, puede enviar postales.

J. Piense creativamente cuando vaya a planificar los festivos y considere diseñar nuevos rituales, uno que incluya, por ejemplo, recordar el pasado mientras reconoce que el presente ha cambiado. En lugar de hacer lo que siempre ha hecho, usted puede, por ejemplo, realizar el proyecto que siempre quería hacer pero que no había podido, o bien, puede adoptar una mascota; aún pequeños cambios pueden ayudarle mucho. Sea creativo y encuentre la mezcla y el equilibrio justo para usted. Concédase libertad para planear el festivo a su antojo. ¿No quiere ir a la fiesta de la oficina? Pues no vaya. Permítase un espacio y no se sienta obligado o culpable debido a que usted no está tan bien como hace años o como el año anterior. Lo más importante es que se de cuenta que los festivos no producen sentimientos mágicos o dan soluciones a sus problemas.

K. Permítase la opción de cambiar de punto de vista, incluso en el último momento. Recuerde que el duelo es un proceso y su estado de ánimo cambiará de día a día, incluso de hora a hora. No se preocupe por cancelar planes que ya había organizado antes, sea flexible y no rígido. Así, sea amable con usted mismo y no espere que los planes para el festivo sean perfectos.

L. Deje saber a otros qué le sienta bien y qué no. No importa que sea reiterativo. Si no se siente bien respecto a como va el día, dígaselo a alguien. La mayoría de las personas reconocen que los festivos son duros para aquellos en duelo. Encontrar una persona que comparta con usted sus sentimientos será de gran valor durante este tiempo tan estresante. A menudo, después del primer año, la gente espera que usted ya esté bien;  aunque esto puede llegar a ser muy difícil, ciertamente podrán disfrutarse de nuevo los días de fiesta, si bien de diferente manera.

M. Diseñe y prepare un “botiquín” para utilizar en las reacciones de aniversario; este botiquín deberá contener abrazos, caricias, hombros para apoyar la cabeza, compañía, etc.

Permanezca en contacto

Debido a que el duelo es una experiencia tremendamente aislante, mantener los contactos con sus amigos y familiares, ya sea por carta, teléfono, internet o reuniones personales siempre será de utilidad, especialmente si esto parte desde los otros, es decir, si son los otros (familiares y amigos) quienes son los que perseveran en mantener el contacto a pesar de su resistencia a ello. Participe en los rituales y costumbres locales y comunitarios; los grupos de las iglesias, organizaciones cívicas y los grupos de ayuda mutua pueden darle apoyo adicional y unirle a otros que comparten valores e intereses.

Disfrute de las fiestas si puede

No tiene porqué sentirse mal al disfrutar las fiestas; está bien y es normal disfrutar ratos durante el duelo; recuerde que usted no firmó un contrato para ser un desgraciado el resto de su vida por el fallecimiento de su ser querido. Disfrutar de las fiestas no significa que es infiel con su ser querido o que le está traicionando: de la misma forma que usted se da permiso para afligirse durante estas fiestas, permítase disfrutarlas; además, lo que usted escoja hacer para el primer año no tiene porqué servir necesariamente para el siguiente.

No se deje involucrar en los mitos festivos

Si le molesta la decoración festiva y la música que acompaña esas fiestas a la hora de ir a comprar a un centro comercial, hágalo antes de que empiecen las fiestas (p.ej., haga las compras de navidad en noviembre) o compre por teléfono o catálogo. Recuérdese que los días festivos están llenos de expectativas no realistas por la intimidad, cercanía, relajación y disfrute de muchas personas, actitudes no ajustadas para el duelo. Trate de disfrutar lo que usted pueda. Acepte los momentos duros sabiendo que ellos pasarán. Cuando le hagan el comentario de “felices fiestas”, responda lo que para usted es más apropiado en ese justo momento (recuerde la “montaña rusa” del duelo); comentaros como “lo estoy intentando”, “mis mejores deseos para usted y su familia” son apropiados. Si usted está acostumbrado a tener cena de navidad en su casa, siempre puede cambiar de hora y lugar para esa fecha. Sirva la comida estilo buffet y en otra habitación diferente a la acostumbrada. En general, la anticipación añade más angustia que la que realmente acontece.

Estar de duelo en Navidad (1)

Creative Commons Image: 'Vintage Christmas Postcard' http://www.flickr.com/photos/66974474@N00/314619795

La pérdida de un ser querido nos deja con la sensación de pérdida de control de nuestro mundo, nuestra realidad, nuestro sentido de la vida y aún de nuestra personalidad. Es importante que tenga presente que existen otras formas para que asuma el control de su propia vida. Comer y beber saludablemente es un buen comienzo. Mantenga un programa de ejercicios o empiece uno si no tenía costumbre. Trate de dormir adecuadamente y practique aquellas disciplinas que le proporcionan energía y le satisfacen.

Y reflexione:
¿Qué es lo que hoy necesita?
¿Cuáles son sus necesidades para esta época del año?
¿Necesita más noches de silencio y días tranquilos?
¿Necesita espacio vacío, espiritual y mental, con nada en el horizonte, tiempo para reflexionar y re-orientar mi vida?
¿Tiempo para que el cuerpo repose, tiempo para hibernar?

En general, este no será el momento más apropiado para hacer cambios drásticos, como empezar una nueva vida en otro vecindario o ciudad, celebrar el día festivo en un lugar lejano entre gente que no aprecia o no valora lo que le ha pasado. No obstante, algunos cambios pueden ser saludables e importantes de hacer. Cuando vayan pasando los días, deje saber como se va sintiendo con lo que está haciendo; pregúntese qué  quiere hacer, cuánto es capaz de tolerar y qué tanto rechaza y no desea hacer.

Si las tradiciones de las fiestas le producen un dolor intolerable, recuerde que usted tiene el poder de modificar y confeccionar sus propias fiestas de forma que se vean cumplidas sus expectativas actuales. Coja lo que le guste y deje lo que no. Al hacerlo así, se sentirá menos abrumado y estresado, menos deprimido y más capaz de tener unas fiestas tranquilas. Cada uno de nosotros debe encontrar su propia zona de confort, zona que puede ser radicalmente diferente de año en año. Nuestra preocupación somos nosotros mismos y nuestra familia inmediata. Se trata de encontrar conjuntamente la mejor forma de pasar las fiestas con el menor dolor posible. Sin duda apreciamos al resto de la familia, a nuestros amigos y compañeros de trabajo, pero no necesitamos hacer nuestros planes alrededor de sus necesidades sino de las nuestras: esperamos que ellos entiendan esto.

Ciertamente nada puede remplazar al ser querido perdido, pero hay cosas que pueden hacer menos pesados y terribles estos días. Recuerde que muchas otras personas se han enfrentado con lo que usted está encarando ahora mismo, y ellos han aprendido que es posible pasar a través de estas fechas y sobrevivir, incluso crecer a través de esta experiencia. Lo que ellos han aprendido es algo que usted puede aprender ahora; la forma en que ellos lo han hecho son formas que usted también puede adoptar.

Las siguientes serán sugerencias más que prescripciones. Úselas como ideas que puede utilizar. Compártalas para llenar distintas circunstancias y que le sirvan a sus necesidades personales para diseñar su propio sistema de apoyo y soporte para las navidades, reacciones de aniversario y otras fechas conmemorativas.

Organice una reunión familiar

Debido a que la celebración de las fiestas será muy traumática para unos y reconfortante para otros, será bueno que organice una reunión familiar para discutir la mejor forma de proceder. Deje que todos expresen sus sentimientos, pensamientos, necesidades y deseos sobre la mejor forma de celebrar las fiestas. La decisión sobre qué hacer deberá ser una decisión familiar por consenso, presencial, por teléfono o mediante delegación del voto; será entre todos los integrantes de la familia que decidirán cuáles tradiciones familiares continuarán y cuáles serán las nuevas que incorporarán. Una vez hallan decidido qué harán usted y su familia inmediata, comuníqueselo al resto de la familia y amigos; así se evitarán mal entendidos y los asistentes podrán obrar con propiedad.

Durante la reunión preste especial atención a los deseos de los más afligidos por la pérdida: sus deseos deberán tener el mayor peso. A través del compromiso y la negociación todos pueden tener un poco de lo que necesitan. Tenga en cuenta que no hay forma buena o mala de celebrar ese día: cada familia deberá establecer su propio derrotero y hacer lo más correcto para ella. Finalmente, reconozca que no será fácil pasar estos días, no se ponga expectativas muy altas para usted y no se obligue a pensar que estará muy bien; además, no sea muy estricto en lo que se “debe hacer” estos días; es mejor que haga solo aquellas cosas que sean importantes o significativas para usted y su familia, así sea poco habitual o extraño. Si el hacer una determinada actividad le sienta mal, es mejor que no la siga haciendo y establezca sus propios límites.

Una forma efectiva de definir y planear los festivos consiste en fragmentar cada uno de ellos para aclarar, con la participación de todos los familiares, en qué consiste exactamente ese festivo en particular (qué le compone) y entonces analizar cada uno de sus componentes según la siguiente tabla (poner una “X” en la casilla correspondiente). Siempre será bueno que cada miembro de la familia realice su propia tabla y luego, por consenso, decidan los más propio según decisión de la mayoría.

Acepte la legitimidad de su dolor

Cuando uno se enfrenta al primer día festivo sin el ser querido, debe empezar por reconocer que será muy doloroso. Así, reconozca su duelo, aún en medio de las fiestas, hablando abiertamente acerca de sus sentimientos y pensamientos; busque familiares o amigos que le escuchen sin juzgarle. Expresar sus sentimientos le ayudará a sentirse comprendido, con lo que podrá sentirse un poco mejor. Recuerde que su dolor es real y muy profundo, quizá lo más doloroso que usted halla vivido. Uno puede preguntarse cómo es que será capaz de hacerlo; un sentimiento normal es desear “saltarse” todo el festivo y no participar para nada en éste (“despertar al día siguiente”). La energía y el esfuerzo que usted gasta en encontrar algo para evitar ese día más bien podría invertirlo en cómo adaptarse y enfrentarse mejor a ese día. Este año será todo muy diferente y puede que no sea tan terrible como esperaba (para muchos la anticipación es más dolorosa que el enfrentamiento real).

Exprese todo lo que sienta

Uno de los factores más importantes para poder pasar unos festivos menos dolorosos es poner mucha atención a sus necesidades y sentimientos, aceptándolos y declarándolos a otros. Aunque nadie sentirá lo que usted siente, en la misma forma, al mismo tiempo o con la misma intensidad, confiese que algo terrible le ha pasado y que es natural que esto cause una reacción dentro de usted. Llore si quiere o necesita hacerlo, pero lo más importante es que reconozca la tristeza, el dolor o cualquiera de sus sentimientos como propios, permitiéndose sentirlos sin sentirse culpable o tener que dar explicaciones a otros. Recuerde que sus sentimientos rara vez le sacarán del buen camino; ellos usualmente le conducen a usted mismo. Algunos de los síntomas más frecuentes son:

A. Tristeza: Es triste pensar en lo que se ha perdido, en que nunca sucederá de nuevo, en que habrá que aprender a vivir sin; es doblemente triste hacerlo en una de las épocas más felices del año.
B. Ánimo depresivo: Desolación, desesperación, falta de energía, indiferencia, soledad, dudar respecto a sí algún día se sentirá mejor.
C. Ansiedad, temor y preocupación por lo que ha pasado, por cómo se luchará y si se sobrevivirá o no.
D. Rabia porque la gente no entiende sus necesidades, rabia por la forma en que ha ocurrido la muerte y quienes han estado involucrados, rabia consigo mismo, con dios, con todo el mundo.
E. Culpa: Rumiar sobre lo que hizo y no hizo mientras la persona estaba aún viva, por estar vivo y el otro no o porque usted tenga momentos de alegría en medio del duelo.
F. Apatía, entumecimiento, confusión, desorientación.
G. Otros: alivio, orgullo, respeto, alegría, compasión.

Se acerca la Navidad

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Nuestra vida está llena de días especiales, tanto en relación con otros como con las circunstancias que nos rodean, y que nos recuerdan o actualizan la pérdida de un ser querido de una forma aguda; estos días, colectivamente conocidos como “días festivos”, incluyen el día del padre o de la madre, día de los novios o del amor, las fiestas nacionales, la pascua y la semana santa, las reuniones familiares anuales, los aniversarios,  los cumpleaños, el cambio de estación, el día de los difuntos, día de la semana en que falleció… cualesquiera otros días conmemorativos y, muy particularmente, la Navidad.

Nuestras tradiciones, rituales y aún la comida especial de ese día son un recuerdo constante de nuestra pérdida. Son épocas del año en donde los sentimientos de pérdida se ven siempre magnificados, si bien más en unos días que en otros según las propias tradiciones familiares. Algunas veces no somos conscientes de ello y del cómo nos afectan, incluida la aflicción anticipatoria: ante los días especiales, no es extraño que se anticipe el malestar unos días antes y se sienta uno mal antes de que ellos sucedan, durante y unos días después. Estamos más irritables, deprimidos y ansiosos y los niveles de energía disminuyen.

Cualquiera que sea nuestra edad o el tipo de pérdida, los días festivos sin la persona amada serán ciertamente muy difíciles. Las antiguas costumbres se han terminado y nunca se repetirán de la misma manera. La risa, antes tan fácil, fluida y natural, puede llegar a ser solo una mueca o perderse totalmente; dar regalos, alguna vez tan divertido, puede parecer vacío y triste, carente de sentido; las canciones familiares, a veces tan reconfortantes, pueden atragantarse y acompañarse de lágrimas y un intenso anhelo.

En verdad, hay algo de dolor que cuelga de la alegría que otros sienten: es difícil estar sin la persona amada y tener que ajustarse a esa nueva tradición por obligación y sin quererlo. Todo esto suele acompañarse de una gran cantidad de angustiantes preguntas: ¿Qué es lo que me está pasando? ¿Si seré capaz de aguantar esto? ¿Realmente deseo sobrevivir a esto? ¿Lo que siento es normal? ¿Me estoy enloqueciendo? Además, los festivos añaden su propia carga de preguntas. Es importante reconocer que hay muy pocas respuestas que sean universalmente buenas o malas a estas preguntas; en realidad, puede haber muchas, dependiendo en parte de factores únicos relativos a la situación existencial particular de cada uno: quiénes somos como personas, qué es lo que a nuestra familia le gusta, quién era, cómo y dónde murió nuestro ser querido, cómo y cuál era nuestra relación con esa persona, papel que ella desempeñaba en la realización del ritual de la fiesta, etc. De hecho, no todas las preguntas tienen que ser contestadas de forma inmediata o tienen una respuesta rápida y clara.

En la primera celebración de uno de estos días sin el ser querido nos duele todo con cada pensamiento de celebración: duele el cuerpo, el alma, el espíritu, el pasado, el presente, el futuro; en verdad, suele ser muy difícil encontrar una forma de celebración reconfortante. Aunque se haya ensayado todo tipo de cosas que se supone sirven para enfrentarse a la perspectiva de un día especial sin el ser querido, nada parece servir ni adaptarse a nuestra nueva circunstancia. Todo lo que se quiere es “pasar de una vez” toda esa época que ahora es diferente y molesta y “despertar varios días después”. No encontramos paz y tranquilidad en ningún tipo de celebración; se llora con cada adorno que se pone en el árbol de Navidad, con cada pastel cocinado, con cada vela encendida, con cada rosa recibida. Se siente rabia contra el destino o contra Dios por permitir que una vida tan feliz y tranquila tomara ese rumbo; hay pesadumbre y deseos de que todo el mundo sienta el dolor que nos embarga. Estos días, días de reunión familiar, son días donde realmente caemos en cuenta del vacío existente: el ver continuamente el regalo perfecto para nuestro familiar ausente repentina y repetidamente nos recuerda que ellos ya no estarán más.

Aunque cada experiencia de pérdida es diferente (nivel de apego, impacto de la pérdida en la realidad personal, en el sentido de la vida, etc.)  las fiestas provocan en nosotros dos tipos de sentimientos encontrados: por un lado, son un tiempo del año en que cada uno espera que todos los miembros de la familia estén juntos; por el otro, con su celebración llega a ser claramente doloroso que alguien falta. Somos conscientes de que enfrentar las fiestas es una parte necesaria para la curación del dolor, por ello puede ser frustrante el pretender que todo siga siendo como antes era: que duda cabe que mucho o todo será diferente: “… ya las luces de navidad no brillarán como lo hacían antes”.

Sabemos que no podemos escapar del dolor ni esconder la verdad de lo inevitable de los cambios que se avecinan; todo lo que podemos hacer es ajustar nuestra actitud y cambiar nuestro estado mental. Y esto no es lo más fácil.

Cumpleblog

El 14 de julio de 2008 empecé a escribir esta bitácora. Quería dejar en algún sitio todo lo que iba leyendo, redactando, sintiendo o pensando sobre duelo. No quería que fuera parte del diálogo con Rodrigo, ni tampoco cargar mi blog personal con demasiados artículos sobre duelo. Decidí que lo mejor era crear uno específico, y, para mi sorpesa, aquí estoy tres años después.

Quiero agradecer todos los comentarios y visitas. Un abrazo.

Cómo recordar: dedicado a nuestro hijo, hoy 11 de marzo

Muchas veces las personas que hemos perdido a  un ser muy querido necesitamos encontrar una forma de recordarlo. A menudo hay amigos y parientes que necesitan también hacer algo parecido.

Es generalmente un deseo de perpetuar su nombre o algún proyecto que haya sido un ideal en su vida.

Estas son algunas ideas para ello:

  • Plantar un árbol.
  • Encender una vela en su memoria.
  • Escribir un libro de recuerdos y/o fotos suyos.
  • Escribir un poema o una semblanza sobre él o ella.
  • Abrir una página o una bitácora en internet con los mismos fines, como ésta, o como la dedicada a nuestro hijo.
  • Donar dinero,  otorgar una beca,  financiar algún proyecto altruista en su memoria.
  • Dedicar algunas horas y semanas en alguna institución de voluntarios.
  • Tocar su música favorita.
  • Visitar sus lugares preferidos.
  • Reunir a tus parientes y amigos para recordarlo
  • Compartir recuerdos felices de él o ella con amigos y parientes.
  • Hacer una caja de recuerdos llena de memorias sobre él o ella.
  • Leer en voz alta su texto favorito.
  • Continuar algún proyecto que quedó truncado con su muerte

(…)

Hoy hace siete años que nuestro hijo murió asesinado, junto con otros 190 inocentes. Unos locos fanatizados provocaron  muertes y lesiones  terribles con la única idea de causar daño y dolor a toda la sociedad.

Hoy queremos recordarles, recordar a Rodrigo, con acciones totalmente contrarias  a esa barbarie.

Por eso, lectores y amigos, además de a los que a vosotros os faltan, recordad  y honrad  la memoria de estos inocentes haciendo algo amable, bueno y hermoso en su nombre.

Muchas gracias.

“Es Navidad y en casa hay una silla vacía” (2)

Queridos todos,

Alrededor de esta fechas, hemos estado realizando en Girona la conferencia “Es Navidad y en casa hay una silla vacía”. Recuerdo el primer año como los responsables de la sala nos pronosticaron un fracaso (…. con este tema tan “lúgubre”)… y su cara de sorpresa cuando vieron que la sala se llenaba, y personas quedaron de pie y de cómo todos participaron de forma activa con preguntas y compartiendo experiencias, Al año siguiente tuvimos que buscar una sala más grande y dos años después en la conferencia las personas en duelo del servicio empezaron a dar testimonio de su experiencia preparando las navidades. Cuatro años después la conferencia se daba, auspiciada por los centros de duelo, de Manresa, Sabadell y después en Granollers y Lérida…… ¡y ahora se hace ya en tantos sitios! Nos hace ilusión compartir el texto sencillo pero esperamos que sea útil y lo podáis utilizar de la manera que más os convenga. Tenemos la esperanza de que “Es Navidad … y en casa hay una silla vacía” ( o una cuna ……o el titulo que le deseéis poner) pueda ser una charla que se de en muchos más sitios.

El tema de la muerte es un asunto que nos atañe a todos: todos hemos de afrontar el hecho de que estamos predestinados a perderlo todo. Y aprender afrontar un duelo por la pérdida de un ser querido es como una prueba que nos prepara. Quizás la pérdida que vivimos ahora nos llama a revisar de una manera más contundente preguntas existenciales que hasta ahora habíamos estado evitando sobre nuestra vida, quienes somos y el sentido del sufrimiento. Quizás nos obliga a revisar nuestro concepto sobre lo que es la felicidad o el amor.

Y el camino para responder a estas cuestiones pasa por dentro de uno mismo: eso significa que hacer un duelo es utilizar la escalera para ir hacia abajo de la condición humana no para ensalzarse por encima de ella. Bajar hacia abajo significa que las respuestas, no las encontraremos en un libro muy intelectual, ni en un maestro muy elevado o muy famoso. El camino pasa por explorar gestos mucho más humildes, momentos donde tocamos nuestra imperfección o encuentro llenos de simplicidad y gratuidad que nos llegan si tenemos tiempo para pararnos y mirarnos a los ojos. Aprender a bajar esta escalera quiere decir aprender a estar presente y abrazar todo aquello que nos pasa cada dia, en cada momento sea bueno o malo, cada encuentro, cada herida y dejarnos sentir el dolor, el enfado, la alegría sin intentar cambiar nada, sin oponernos.

Rendirnos al gurú, al maestro más grande de todos: la realidad cotidiana imperfecta de nuestro día, día y nuestras relaciones no siempre fáciles con los que nos rodean. Y considerar que todo aquello que creemos que es obstáculo o una interrupción a nuestros propósitos, proyectos, ambiciones personales o deseos, todo aquello frente a lo que saltamos con un “ ¡Oh mierda, esto no me gusta!”, no son más que el material más espiritual, más necesario e indispensable que la vida nos pone delante para que podamos crecer y aprender.

Y hemos aprendido que ayudar al otro y acompañarlo en su duelo, no es poner una “tirita” a su herida con palabras de consuelo que le ahorren el dolor. Sino que es darnos el tiempo, la serenidad y la atención de permitir que abra su herida y la explore a pesar del sufrimiento que esto le despierte. Y cuando sienta este dolor facilitamos que se haga las preguntas que necesita hacerse, para las que el sufrimiento señala contenido y propósito.

Y teniendo la humildad de aceptar que nosotros no tenemos respuestas y si las tenemos no le van a ser útiles porque necesita hacer su propio camino de despertar.

Y tener la paciencia de seguir allá sin miedo y sin prisa sintiendo el mismo dolor, su misma impotencia, y su lucha interna para dar un sentido a la perdida que está viviendo.

Cuando podemos hacer esto le damos la oportunidad de vivir una experiencia plena de si mismo en contacto con el otro que da seguridad, confianza y respeto, y es entonces cuando puede darse el milagro de la esperanza ante este misterio que es la existencia humana, la necesidad de las relaciones entre los seres humanos y su pérdida.

Ya luego podemos comer turrones, bailar, jugar, ser creativos, tener mejores relaciones con los demás y, muy importante, hacer mejor el amor. Eso es a lo que verdaderamente estamos llamados en la vida y el objetivo final del duelo. Aquello que ellos y ellas, los que nos dejaron quisieran que hiciéramos con nuestra vida y en su honor.

Y daos prisa porque con la edad los turrones cada vez se digieren peor y las articulaciones crujen ¡que no veas!.

Feliz Navidad a todos

Alba Payás Puigarnau. Psicoterapeuta

El síndrome de la silla vacía (II)

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Mucha gente odia la Navidad porque, en cenas y fiestas, se hace más presente la ausencia de los seres queridos. Se da una disonancia entre la tristeza interior y los estímulos exteriores, que dictan que hay que estar alegre. Pero sobrevivir a estas fechas es posible.

EL PAÍS JOAN CARLES AMBROJO 11/12/2010

Nunca se está suficientemente preparado para la muerte de un ser querido. El primer año es el peor, sobre todo con la primera Navidad y otras fechas relacionadas con la persona perdida. “Lo mejor es normalizar la situación y tratar de que el ausente siga ocupando un lugar en la familia, aunque sea de otra manera”, añade Jiménez Ruiz. No hay una única consigna: hay personas que se van de viaje para no revivir esas situaciones traumáticas. “¿Es bueno o malo? Puede ser una huida o una adaptación a esa situación; dependerá del sujeto”, añade el terapeuta.

Creative Commons Image: 'Lost Dreams Revisited' http://www.flickr.com/photos/12277529@N02/4540205368

“No hay una receta única para los que han perdido a un ser querido porque cada pérdida es distinta y cada uno muestra, oculta o siente el dolor de diferente forma”, dice Flor, madre de Helena, que cree haber encontrado unalivio en algo que dulcifica su dolor y le produce algo de bienestar. “Aconsejo a las madres con las que me relaciono que hagan aquellas cosas que antes les gustaban y no podía hacer. Cosas que les den paz y sosiego, y sé de muchas que pintan, cosen, hacen trabajos manuales, escriben, se buscan y conectan a través de Internet”.

Flor es de esas personas que busca cosas que le ayudan a agarrarse a la vida, “porque, aunque durante el duelo hay muchos momentos en los que deseas morirte, no te mueres y como decía mi psicóloga: ni siquiera los que se quitan la vida quieren morirse”. Flor y su marido necesitaron ayuda

especializada en muertes traumáticas. En su caso, durante cuatro años. Fue fundamental. “Me ayudó a reconocer de qué forma podía agarrarme a la vida”, explica. Lo ha hecho con la escritura y a través del deseo de concienciar sobre los mal llamados accidentes de tráfico especialmente a los jóvenes y al resto de la sociedad para que lleven una conducción responsable.

La sociedad está más sensibilizada con el tema del duelo, aunque hace unos años la familia estaba más capacitada para contener este mal trago: “Con su dispersión, el individuo se encuentra más solo”, apunta Alejandro Rocamora. Por ello, a veces es necesario recurrir a los grupos de ayuda mutua, con la participación de profesionales de la salud, que son un recurso comunitario que complementa a otros tipos de tratamiento. “Pero sin forzar a nadie a que acuda”, dice Fernando Boatas, psiquiatra y director del Centro de Salud Mental Comunitario de Martorell (Barcelona). En su opinión, también se debe evitar el abuso de fármacos, “porque puede llevar a la persona apenada a caer en una trampa: anestesiar los sentimientos que forman parte de las reacciones humanas y se tienen que experimentar”. Tampoco es bueno caer en la tentación de tomar ansiolíticos o antidepresivos. “La medicación debe ser un recurso a utilizar solo en casos muy extremos”, recomienda el psiquiatra de Martorell.

Con los niños lo mejor es utilizar un lenguaje claro y apropiado para su edad y explicarle que papá, mamá o la abuela ya no volverá. No vale el “se ha ido a un viaje muy largo”. Convertir la muerte en un tabú es contraproducente; es mejor explicarlo como algo natural “porque los niños lo vivirán de una forma más tranquila”. Hasta los siete u ocho años, el niño no tiene el sentido de la muerte como proceso irreversible. En los adolescentes puede ser muy dramático porque es una edad en la que se encuentran inmersos en procesos de crisis.

Flor se encuentra ahora “tranquila y serena. La pérdida es única, la pena inmensa, el recuerdo constante, pero no hay amargura”. Entiende que su situación, sin más hijos ni nietos, les permite aislarse en estas fechas, pero pide a los padres que sí los tienen que hagan un esfuerzo para continuar una normalidad. “No pueden privar a sus otros hijos o nietos de unas fiestas que lo son para el resto”. Esta madre se permite un grito final: “¡Que prohíban el anuncio de vuelve a casa, vuelve por Navidad! Todos tenemos a alguien que no volverá en Navidad”.

 

 

El síndrome de la silla vacía (I)

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Mucha gente odia la Navidad porque, en cenas y fiestas, se hace más presente la ausencia de los seres queridos. Se da una disonancia entre la tristeza interior y los estímulos exteriores, que dictan que hay que estar alegre. Pero sobrevivir a estas fechas es posible.

EL PAÍS JOAN CARLES AMBROJO 11/12/2010

El duelo es el dolor que vivimos ante la pérdida de un ser querido o, a un nivel posiblemente inferior, por un despido laboral, un traslado o un divorcio. En épocas como la Navidad, con sus reuniones familiares, se avivan los recuerdos de forma aguda y es normal sentir una cascada de emociones y sentimientos ante esa silla que queda vacía en el hogar. Buscar apoyo en familiares y amigos o terapeutas, establecer nuevos ritos y permitir que afloren las emociones son algunas de las recomendaciones que dan los expertos para sobrevivir a unas fechas, como las navideñas, que tanta gente detesta.

Llanto, rabia, aflicción, desesperación, soledad, culpa, negación o incluso alivio son sentimientos normales y sanos que aparecen cuando una persona nos deja para siempre. Forman parte del proceso curativo de las heridas emocionales.”Yo ya no celebro la Navidad desde hace cinco años. Nos vamos

a un lugar bastante desierto, donde no nos conoce nadie, donde no hay luces, ni tiendas, ni regalos. Allí pasamos esos días, solos, mi marido y yo, con nuestros recuerdos. No podemos ver cómo los demás son felices en estos días y las celebraciones familiares ya no son tal, se han transformado en comidas normales”. Flor aún vive el dolor por la desaparición de Helena, su única hija, que murió siendo adolescente en un accidente de tráfico por culpa de un conductor bebido. “Estamos más en contacto con la naturaleza. El sol, el aire, la lluvia, grandes paseos, leer, escribir”.

Cualquier duelo es una reacción natural. Se trata de una forma de adaptación que sigue a un proceso de desapego, de despedida de alguien que se ha ido.

Cada persona expresa el dolor a su manera.”La intensidad del duelo no depende ni siquiera de la naturaleza del objeto, sino del valor que nosotros le atribuimos”, señala José María Jiménez Ruiz, experto en terapia familiar en psiquiatría.

“Entre otras cosas, porque se da una disonancia entre la experiencia que uno está viviendo por dentro y todos los estímulos exteriores que de alguna manera dicen que hay que estar alegre”, añade.

Marta perdió a una de sus cinco hermanas hace unas pocas semanas. “No me hago a la idea de que se ha marchado. La visualizo riendo, estábamos muy unidos”, dice. No se lo esperaban y su muerte, con 59 años y tras haberse recuperado de un cáncer, ha caído como un mazazo, sobre todo para el

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marido y los hijos, ya casados, que ahora acompañan día y noche a su padre. Marta, como el resto de su familia, reconoce que debe superarlo. Hace diez años, la muerte de su madre ya fue muy dolorosa y desde entonces la familia dispersa, algunos residen en Miami (Estados Unidos), trata de reunirse en las celebraciones. Ahora, su cuñado ha insistido: “Sabe que lloraremos más que reiremos, pero lo haremos todos juntos”, asegura Marta.

 

Un proceso de duelo sano puede requerir un par de años y sigue una serie de fases. Primero confusión, luego rabia y negación, depresión y finalmente superación. Si dura más tiempo los expertos pasan a considerarlo duelo patológico.”A los diez años puedes recordar a alguien, pero no trastorna el desarrollo natural de tu vida, ni te aíslas de tus amistades ni dejas de disfrutar de la vida”, añade Jiménez Ruiz. En todo caso, “el duelo no es una patología, sino un proceso normal de adaptación”, precisa Alejandro Rocamora, psiquiatra y uno de los fundadores del Teléfono de la Esperanza, que durante estos días atiende muchas llamadas motivadas por la soledad.

Quienes viven como ajenos a la pérdida utilizan un mecanismo de defensa o negación, se trata de un duelo aplazado. Cuando la pérdida es repentina es

normal quedarse descolocado, desgarrado si se trata de un hijo, mientras que cuando alguien muere lentamente es posible hacer el duelo anticipadamente. Una de cada seis personas que pierde a un familiar desarrolla una depresión al año siguiente, advierte un estudio del año 2007 de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN).

Los médicos de familia atienden al año un centenar de procesos de duelo depresivo, según José Ángel Arbesú, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de esta sociedad. El 5% de la población española sufre alguna pérdida y alrededor del 2% traduce esa pérdida en trastornos o depresiones “que se deben vigilar”, según Miquel Roca, miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría y de SEMERGEN.

Prácticamente el 90% de los casos son de duelo normal y los síntomas son fáciles de abordar y tratar, asegura Arbesú. El problema es la vulnerabilidad del paciente si el duelo llega a hacerse patológico en el tiempo, añade.

Dos años publicando esta bitácora

El 11 de marzo de 2004 asesinaron a  nuestro hijo Rodrigo,  y apenas unos días después descubrí que escribir me ayudaba a liberar la pena. El primer texto salió como por ensalmo de mi mente en shock. Me pedían un artículo sobre Rodrigo y enseguida me di cuenta de que la tarea  resultaba muy curativa. Organizaba el torrente de ideas obsesivas que me bombardeaba sin descanso. Serenaba mi ánimo.

Contar lo que nos sucedió en foros y grupos de duelo resultaba más agotador, porque tenía que repetirlo una y otra vez; había que hacer algo para que los textos no se perdieran en el ciberespacio. Por ello empecé una bitácora en Blogger.

Pero me molestaba mucho que  trolls insensibles manchasen nuestro dolor con sus comentarios desagradables, así que pasé el blog, “Roltrigo”, a WordPress, donde pude bloquear  los buscadores  y moderar  los comentarios. Al poco, en 2005 surgió  “Algo de luz y un poco de ceniza”, mi bitácora personal.

Hace dos años, en 2008, nació este blog “Calcetines del revés“, cuando me di cuenta de que tenía un largo número de artículos sobre duelo en “Algo de luz …” Habíamos leído y estudiado tanto sobre la pena, la asuencia, el duelo, las pérdidas, que decidimos compartir algo de ello en un nuevo espacio. Es la única  de nuestras bitácoras que no tiene bloqueados los motores de búsqueda, y se nota en el número de visitas. El año pasado eran unas 12.000, éste más de 65.000

Seguimos escribiendo, leyendo, copiando, resumiendo, buscando y analizando sobre el duelo. Es nuestro pequeño homenaje a Rodrigo,  a los compañeros, amigos y  hermanos en el dolor con los que vivimos esta nueva existencia,  a todos sus seres queridos tan añorados …

Muchas gracias por tus visitas y  tus comentarios. ¡¡Nos leemos!!