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Releyendo a Isabel Allende

5 enero 2012

En esta noche mágica de Reyes os regalo mis frases escogidas de dos novelas en las que la autora escribe sobre la muerte de su hija. A mí me siguen emocionado.

PAULA

“Y entonces pensé que desde siglos inmemoriales las mujeres han perdido hijos, es el dolor más antiguo e inevitable de la humanidad. No soy la única, casi todas las madres pasan por esta prueba, se les rompe el corazón pero siguen viviendo porque deben proteger y amar a los que les quedan. Sólo un grupo de mujeres privilegiadas en épocas muy recientes y en países avanzados donde la salud está al alcance de quienes pueden pagarla, confía en que todos sus hijos llegarán a la edad adulta. La muerte siempre está acechando.” Pg 382

Si escribo algo, temo que suceda, si amo demasiado a alguien temo perderlo; sin embargo no puedo dejar de escribir ni de amar… Pg 405

“Mi vida está hecha de contrastes, he aprendido a ver los dos lados de la moneda. En los momentos de más éxito no pierdo de vista que otros de gran dolor me aguardan en el camino, y cuando estoy sumida en la desgracia espero el sol que saldrá más adelante. Pg 409

LA SUMA DE LOS DÍAS

En la segunda semana de diciembre de 1992, apenas cesó la lluvia, fuimos en familia a esparcir tus cenizas…  pág. 19-20

“En una sesión el terapeuta el té verde trató de hipnotizarme. No lo logró, pero al menos me relajé y pude ver dentro de mi corazón un trozo enorme de granito negro. Supe entonces que mi tarea sería librarme de eso; tendría que picarlo en pedacitos, poco a poco.

(…)

Meditaba y me evadía a otras dimensiones. Te buscaba, hija. Pensaba en tu alma, atrapada en un cuerpo inmóvil durante aquel largo año de 1992. A veces sentía una gran garra en la garganta y apenas podía aspirar aire, o me agobiaba el peso de un saco de arena en el pecho y me sentía enterrada en un hoyo, pero pronto me acordaba de dirigir la respiración al sitio del dolor, con calma, como se supone que se debe hacer durante el parto, y de inmediato disminuía la angustia. Entonces visualizaba una escalera que me permitía salir del hoyo y salir a la claridad del día, al cielo abierto.

El miedo es inevitable, debo aceptarlo, pero no puedo permitir que me paralice. Una vez dije -o escribí en alguna parte- que después de tu muerte ya no tengo miedo a nada, pero eso no es verdad, Paula. Temo perder o ver sufrir a las personas que amo, temo el deterioro de la vejez, temo la creciente pobreza, violencia y corrupción en el mundo.

En estos años sin ti he aprendido a manejar la tristeza, a hacerla mi aliada. Poco a poco tu ausencia y otras pérdidas de mi vida se van convirtiendo en una dulce nostalgia.

Eso es lo que pretendo en mi tambaleante práctica espiritual: deshacerme de los sentimientos negativos que impiden caminar con soltura. Quiero transformar la rabia en energía creativa y la culpa en una burlona aceptación de mis faltas; quiero barrer hacia fuera la arrogancia y la vanidad. No me hago ilusiones, nunca alcanzaré el desprendimiento absoluto, la auténtica compasión o el estado de éxtasis de los iluminados, parece que no tengo huesos de santa, pero puedo aspirar a las migas: menos ataduras, algo de cariño hacia los demás, la alegría de una conciencia limpia.  Pag. 120-121

Con Willie decidimos que era hora de tomar vacaciones. Estábamos cansados y yo no lograba sacudirme el duelo, aunque ya habían pasado más de dos años de tu muerte y casi un año desde la desaparición de Jennifer. Aún no sabía que la tristeza nunca se va del todo, se queda bajo la piel; sin ella no sería yo y no podría reconocerme en el espejo.

Poca gente sospechaba mi estado de ánimo, porque mantenía la actividad de siempre, pero llevaba un gemido en el alma. Le tomé gusto a la soledad, sólo quería estar con mi familia, me molestaba la gente, los amigos se redujeron a tres o cuatro. Estaba gastada. Pág 142-143

Incluso alcancé a consultar con el contador y un par de abogados, quienes me agobiaron con reglamentos, leyes y cifras.”¡Si pudiera llamar a Paula para pedirle consejo!”, exclamé en voz alta. En ese momento llegó el correo y entre la correspondencia había un sobre para mí, escrito con una letra tan parecida a la mía que lo abrí de inmediato. La carta contenía pocas líneas escritas con lápiz en papel de cuaderno:

”De ahora en adelante no trataré de resolver los problemas de los demás antes de que me pidan ayuda. No voy a echarme a la espalda responsabilidades que no me corresponden. No voy a sobreproteger a Nico y mis nietos”

Estaba firmado por mí y fechado siete meses antes. Entonces me acordé de que había ido a la escuela de los nietos para “el día de los abuelos” y la maestra había pedido a todos los presentes que escribieran una resolución o un deseo y lo pusieran en un sobre con su dirección, para que ella lo enviara por correo más adelante. No hay nada extraño en eso. Lo extraño es que llegara justamente en el momento en que yo clamaba por recibir tu consejo. Suceden demasiadas cosas inexplicables. Pág. 166

Los años transcurren sigilosos, de puntillas, burlándose en susurros, y de pronto nos asustan en el espejo, nos golpean a mansalva las rodillas o nos clavan una daga en la espalda. La vejez nos ataca día a día, pero parece que se pone en evidencia al cumplirse cada década. Existe una fotografía mía a los cuarenta y nueve años, presentando “El plan infinito” en España; es una mujer joven, las manos en la caderas, desafiante, con un chal rojo sobre los hombros, las unas pintadas y unos largos zarcillos (…)

Otra foto mía, un año más tarde, muestra a una mujer madura, el pelo corto, los ojos tristes, la ropa oscura, sin adornos. Me pesaba el cuerpo, me miraba en el espejo y no me reconocía.

Así será en el futuro, sólo que en vez de notarlo en cada década, será cada año bisiesto, como dice mi madre. Ella va veinte años más adelante que yo, abriéndome el camino, mostrándome cómo seré en cada etapa de mi vida.

Me repite que me cuide, que me quiera, que saboree las horas, porque se van muy rápido, que no deje de escribir, para mantener la mente activa, y que haga yoga para poder agacharme y ponerme yo sola los zapatos. Agrega que no me esmere en conservar una apariencia joven, porque los años se me notarán de todos modos, por mucho que trate de disimularlos, y no hay nada tan ridículo como una vieja con ínfulas de lolita. No hay trucos mágicos que eviten el deterioro, sólo se puede posponer un poco. Pág. 183-184

La abuela Hilda, que siempre fue una mujer pequeña y delgada, en las semana siguientes se convirtió en un duende minúsculo y rejón, tan liviano que la brisa de la ventana la hacía levitar. Sus últimas palabras fueron:

“Pásenme la cartera, porque Paula me vino a buscar y no quiero hacerla esperar”

Unos días más tarde regresé a California con un puñado de cenizas de la Abuela Hilda en una cajita, para esparcirla en tu bosque, porque ella quería estar en tu compañía. Pág 344

9 comentarios dejar un →
  1. 5 enero 2012 9:53 PM

    Ay! Deyanira, es una preciosa selección la que has hecho. Me llegó al alma, y enhorabuena. Sollozan mis emociones, y en mí solo se repite una palabra: “Así”, “Así”.

    Gracias! MC

    • 6 enero 2012 9:16 AM

      Cuando transcribía mis notas pensaba en ti, amiga. Estaba segura de que algunas son especialmente para ti. Otro abrazo de oso.

  2. 6 enero 2012 1:30 AM

    Gracias Deyanira, por recolectar las emociones de Isabel Allende con la sensibilidad de quien ha vivido esta dura experiencia y compartirlas con el cariño y esmero de quién quiere seguir viviendo y amando en plenitud. Un fuerte abrazo.

    • 6 enero 2012 9:19 AM

      De veras eso es lo que intento, con palabras de la autora. Mil gracias por comprenderlo.

      “El miedo es inevitable, debo aceptarlo, pero no puedo permitir que me paralice. Una vez dije -o escribí en alguna parte- que después de tu muerte ya no tengo miedo a nada, pero eso no es verdad, Paula. Temo perder o ver sufrir a las personas que amo, temo el deterioro de la vejez, temo la creciente pobreza, violencia y corrupción en el mundo.

      En estos años sin ti he aprendido a manejar la tristeza, a hacerla mi aliada. Poco a poco tu ausencia y otras pérdidas de mi vida se van convirtiendo en una dulce nostalgia.

      Eso es lo que pretendo en mi tambaleante práctica espiritual: deshacerme de los sentimientos negativos que impiden caminar con soltura. Quiero transformar la rabia en energía creativa y la culpa en una burlona aceptación de mis faltas; quiero barrer hacia fuera la arrogancia y la vanidad. No me hago ilusiones, nunca alcanzaré el desprendimiento absoluto, la auténtica compasión o el estado de éxtasis de los iluminados, parece que no tengo huesos de santa, pero puedo aspirar a las migas: menos ataduras, algo de cariño hacia los demás, la alegría de una conciencia limpia”

  3. rosa aurora Enlace permanente
    6 enero 2012 3:31 AM

    Una vez más tus escritos llegan al alma de cada uno de nosotros, cada uno de esos escritos que reflejan nuestra alma, que no nos atrevemos a escribir, pero que sentimos latentes en ella.
    Pasa el tiempo, los meses los años, tal pareciera que es cierto que el dolor se va mitigando, pero solo lo escondemos o lo llevamos bajo nuestro deseo de vivir por los que quedan.

    Cuan tan cierto es que buscamos la soledad, reducimos nuestro circulo de amistades, tal vez porque hemos cambiado y necesitamos encontrarnos con nuestra alma, con nuestro nuevo ser, es dificil, pero asi es, pareciera que el tiempo corriera como a los demas, pero nuestras almas gritan era mi hijo y se vive intensamente cada minuto, a diferencia de antes de que muriera Mi Rafa ahora cada detalle vale oro triste porque hasta que lo vivimos aprendemos.

    Mi madre en dias pasados me comentaba vives amargada, de que te sirve estar viendo la psicologa, le conteste sin molestarme por su comentario, mas bien dandole a conocer mis nuevos sentimientos, le conteste mira mamá, ahora vivo para sentirme agusto, no para darle gusto a los demas, me ha ayudado para darme cuenta que mi dolor no puede sobreproteger a mis hijos asi les hacia mas daño, vivo tratando de que los problemas no me agobien, en mi pasividad aparente trato de sobrevivir con el hijo que partio de este mundo para habitar en mi corazon, trato de entenderlo, trato de asimilar su ausencia, de disfrutar mi dolor, ya que si me duele es el gran amor que le tengo y eso quiere decir que dios me bendijo con un hijo maravilloso.

    Este escrito, me ha movido mucho ya que nuevamente veo que no estoy fuera de lo normal que dirian los demas, como una loca, cada frase la he vivido la he pasado, su carta me sorprende porque exactamente fue lo que trabajo la psicologa en dias pasados, los miedos, igual sentia que no tenia miedo a nada y ultimamente que he podido abrir un poco mi alma me di cuenta que estoy hecha un nudo de miedos que me empezaban a paralizar, y ahora estoy tratando de enfrentarlos para que no sigan me paralizando, yo me decia miedo yo no, eso no es posible, mas sin embargo los escondia en una sonrisa o en el exceso de trabajo o el tratar de ayudar a los demas.

    Se fue mi hijo, cambio mi vida, la de mi familia, ellos siguen, van saliendo yo voy tratando de segir conociendome, tratando de trabajar mis sentimientos y de vivir mi duelo, cuando pasara no se.

    Recuerdo mucho tus palabras Deyanira, “NO HAY FORMULA MAGICA PARA ESTO” me resistia y todavia me cuesta trabajo pero lo estoy intentando, admiro tus palabras en tu blog, el como le escribes a tu hijo, yo todavia tendo miedo y mira ya van 6 años, no dejo de leer de pasar por esta pagina. Gracias porque cada día aprendo mucho de todos los que escriben aqui, gracias por abrir sus corazones.

    RAFA te amo, te segire amando, ahora te pido por tu primo Roel que esta padeciendo lo que tu padesiste un tumor en el cerebro, casi tu edad, pidele a dios tu que estas más cerca que le de fortaleza a tu tía Yudith, que el tratamiento de buenos resultados, que no sufra lo que nosotros sufrimos, te amo, te seguire amando mas alla de mi ultimo aliento.

    • 6 enero 2012 9:26 AM

      Hola, Rosa Aurora, qué hermosura poder leerte de nuevo. Siento tus palabras muy serenas, lo vas consiguiendo poco a poco, Rafa está muy orgulloso de tu esfuerzo.
      Más abrazos de oso.

  4. 6 enero 2012 2:55 PM

    Me siento tan identificada con lo que esta escrito,yo no soy la misma desde que KEVIN se fue,he muerto mil veces con el,y vuelvo a renacer con su hermana,mi circulo de amigos se hizo mas pequeño se disminuyo solo a compañeros de trabajo y amigos que me hacen sentir que nombrarlo a KEVIN no es simbolo,de estar loca,Pense que con su muerte no tendria nunca mas miedo,pero no es asi el miedo convive dia a dia conmigo.Es impresionante como personas que hemos vivido y estamos viviendo,y seguiremos viviendo este dolor,sintamos,pensemos y actuemos,de la misma forma,nunca pense que con personas extrañas,me sintiera,mas cercana que con amigos de toda la vida.y no es que no se acerquen simplemente mientras mas se acercan mas me alejo,justamente ayer tenia mi casa llena de gente,primas,amigas,sobrinos,,ect,y me senti invadida queria estar sola con mi hija,y con el recuerdo de KEVIN,pero a mi hija le hace bien que venga gente,y a mi se que en el fondo tambien,porque esta bueno que se acerquen a vos,KEVIN se fue cuando yo tenia 24 años,y desde el primer dia que se fue ,envejeci,como diez años por dia,en todo aspecto fisico y mental,a veces estoy mas huraña que una abuela de noventa anos,SE que de a poco tratare de estar mejor,UN BESO DEYANIRA Y GRACIAS POR TODO

    • 8 enero 2012 1:36 PM

      Un abrazo de oso para ti también, amiga y hermana en el dolor. Que los Reyes Magos te concedan serenidad y energías renovadas.

    • 8 enero 2012 2:08 PM

      Releyendo a Isabel Allende y algunos de vuestros comentarios me doy cuenta de la inmensa suerte que he tenido con mis familiares, compañeros y amigos. En nuestro caso, al contrario que el de Isabel, nuestro circulo de relaciones se ha ampliado y se han estrechado aún más los lazos con los amigos de siempre. La verdad es que no sé muy bien si es que nos comprenden o más bien que hemos aprendido a valorar más las intenciones que el resultado. También puede que algo haya tenido que ver nuestro esfuerzo por hacerles entender cómo nos hemos sentido y qué esperábamos de ellos en cada momento. Ellos, tan inexpertos en esto del duelo y del consuelo como nosotros, pero tan bien dispuestos y generosos a la hora de ayudar y dar cariño. Los abrazos y los besos han pasado a formar parte de nuestra forma habitual de saludo. Incluso los ¡ay quiero! y los de oso. ¡Vaya uno muy fuerte de esos para ti Deyanira!.

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