Estás en una bitácora personal dedicada específicamente al tema del duelo por la pérdida de un ser querido.

Para ver nuestros escritos generales sobre duelo, pincha en los rótulos bajo la foto de cabecera. También puedes seguir los artículos semanales en la bitácora. Instrucciones más explícitas en BIENVENIDO.

Rabia, enfado y enojo durante el duelo

2010 Febrero 7
por Deyanira

Según he visto a través de los años, uno de los principales obstáculos para curar el dolor es el enojo. El enfado por haber sido abandonado. Frecuentemente escucho exclamaciones similares a esta: “¿cómo pudo mi esposo dejarme aquí sola, si él sabe que lo necesito tanto?” El enojo de recriminarnos a nosotros mismos: “si solamente lo hubiese llevado al doctor un poco antes, aun estaría vivo”. El enojo de culpar a nuestros seres amados: “¿Por qué no te cuidaste mejor? ¿Por qué tenías que fumar? ¿Por qué no fuiste al doctor? ¡Tenías que ser tan terco y mira lo que ha sucedido!” Y la rabia de que nuestro ser amado nos deje, simplemente demasiado pronto, demasiado pronto para que aprendiéramos a decir adiós.

Con frecuencia he escuchado a la gente decirme: “Estuve con mi esposa toda la noche. Nunca me alejé de su lado. Quería que supiera que cuando muriera, no estaría sola. Pero el cansancio me venció y me fui a casa a descansar. Entonces llamaron del hospital. No tuve oportunidad de decide adiós” ¿Alguna vez te detuviste a pensar que aun cuando buscaste estar junto a tu esposa, ella quería evitarte el dolor de verla morir? Le dijiste adiós a través de tu amorosa presencia, y ella te dijo: “estoy en paz ahora”.

El enojo adquiere muchas formas y se expresa de muchas maneras. Pero a menos que examinemos nuestros sentimientos y enfrentemos esa ira, habrá poco lugar para la fuerza, el coraje y el amor que necesitamos para decir adiós.

¿Cómo podemos hacer esto?

Primero, encontrar amigos compasivos y miembros de nuestra familia que están dispuestos a escuchar, no a dar consejo. Personas que no traten de hablarte a la fuerza de lo que les sucedió a ellos sino gente que sea capaz de darte lo que necesitas: un oído al que le importe lo que escucha. Y también te invito, si es necesario, a acudir a un grupo de apoyo. Busca ayuda. Con frecuencia nuestro dolor es tan abrumador que sentimos que estamos solos en nuestra pena. Nunca estamos solos.

Segundo, liberar tu enojo y detener la culpa. Deja de culparte a ti mismo por lo que podrías o deberías haber hecho.  Deja de culpar a tu ser amado por lo que él o ella pudieron haber hecho. Y deja de culpar a Dios. Todos tenemos esqueletos en nuestros closet, cosas que hemos hecho de las que nos sentimos culpables. Pero si sentimos que Dios nos está castigando por nuestras malas acciones, entonces todo lo que nos queda son sentimientos airados contra un Dios cruel y castigador. Ese no es el Dios en el que yo creo, ni el Dios que puede ayudarnos con su amor y compasión cuando más lo necesitamos.

En una ocasión, después de los servicios religiosos, una mujer se me acercó. Dijo que mis palabras la habían ayudado mucho. Meses antes, los médicos le diagnosticaron cáncer y tuvo que operarse. En su dolor, había culpado a Dios. Después, mencionó que gradualmente se había dado cuenta de que Dios no tenía nada que ver con su enfermedad y que  si abría su corazón, Dios podría ayudarla a través de su recuperación.  Se dio cuenta de que este no era el momento de rechazar a Dios, sino de abrazar a Dios.

Debemos dejar que el dolor se presente. El dolor es parte de la psicología del ser humano y es necesario dejar salir nuestras emociones. Llorar hasta reír, cantar lo malo y lo bueno hasta encontrar la ternura de lo bueno. No obstante, nuestro dolor estará siempre con nosotros.

Hay dos actitudes o actividades que podemos adoptar para ayudarnos a través de nuestro propio dolor.

La primera es estar ahí para alguien más. El dolor es un gran maestro cuando nos envía de regreso a servir y bendecir a los  vivos. Aprendemos cuándo asesorar y reconfortar a aquellos que, como nosotros, están quebrados en su presencia, y cuándo una palabra los hará asegurarse contra la pena. Aprendemos cuándo guardar en silencio nuestro amor y preocupación. Al entregarnos a otros en el momento de su necesidad, también nosotros encontraremos alivio.

La segunda actitud es permitirnos vivir libres, sin culpa, sin arrepentimiento y sin tratar de remendar el pasado. Fue Kierkegard quien escribió: “la vida solamente puede entenderse mirando hacia atrás”. Y agregó: “pero debe vivirse hacia delante”. El enseñó una verdad esencial. La vida puede y debe caminarse hacia adelante. La vida no puede vivirse hacia atrás, porque esa no es la vida.

Sí, hay momentos difíciles y pensamientos difíciles. “¿Por qué me piden que baile?  Cuando mi esposo estaba vivo, él adoraba bailar y ahora ya no está conmigo”. O bien: “¿cómo puedo irme de viaje?  Cuando mi esposa estaba viva nunca logramos viajar, ¿cómo puedo hacerlo ahora?”.

¿Cómo? ¿Por qué? La respuesta es: porque la vida está hecha para vivirla. Vivirse completamente. Libremente. Y con todo el vigor que podamos soportar.

Nadie está realmente solo.  Aquellos que ya no viven aún resuenan dentro de nuestros pensamientos y palabras. Y lo que hicieron es, en buena parte, en lo que nos hemos convertido. Proveemos mejor hogar a nuestros muertos cuando vivimos nuestra vida de manera más completa, aun a la sombra de nuestra perdida. Podemos crecer con ellos, cuando los dejamos ir. Tarde o temprano, las buenas personas, en todas partes, deberán enfrentar la angustia de separarse de un ser amado. No hay excepciones.

Sabemos que los astrónomos pueden predecir cuál sera la posición de cada planeta en el cielo en cualquier momento específico del futuro, pero nuestros asuntos humanos no son predecibles. Nunca podemos estar seguros de lo que cualquier día nos aguarda. Sin embargo, hay una cosa que sí sabemos: tenemos opciones. Cuando la pena golpea, tenemos la opción de hacernos mejores o más amargos

Depende de cada uno de nosotros. Podemos culpar a nuestra suerte y disminuirnos como personas. O utilizar el tiempo para crecer en la compasión y tener aprecio por todo lo que la vida ofrece. Tenemos la capacidad, como escribieron los salmistas, de “pasar a través del valle de lágrimas y convertirlo en una fuente que proporciona vida”.

Puede que nuestros seres amados nos hayan dejado demasiado pronto, pero sus recuerdos y su amor están siempre con nosotros. Abramos nuestros corazones a todo lo bueno que había en su vida y permitamos que su bondad nos bendiga y nos sostenga.

Marcelo Rittner Aprendiendo a decir adiós

Más allá del arcoiris, atrevámonos a soñar

2010 Febrero 5
por Deyanira

Somewhere over the rainbow
Way up high,
There’s a land that I heard of
Once in a lullaby.

Somewhere over the rainbow
Skies are blue,
And the dreams that you dare to dream
Really do come true.

Someday I’ll wish upon a star
And wake up where the clouds are far
Behind me.
Where troubles melt like lemon drops
Away above the chimney tops
That’s where you’ll find me.

Somewhere over the rainbow
Bluebirds fly.
Birds fly over the rainbow.
Why then, oh why can’t I?

If happy little bluebirds fly
Beyond the rainbow
Why, oh why can’t I?

En español:

En algún lugar sobre el arcoiris
muy, muy alto…
hay una tierra de la que recuerdo haber oído hablar
en una canción de cuna.

En algún lugar sobre el arcoiris,
los cielos son muy azules
y los sueños que te no te atreves a pensar
se hacen realidad.

Algún día pediré un deseo a una estrella
y despertaré arriba, muy lejos de las nubes
dejándolas atrás,
donde los problemas se disuelven
como gotas de limón en el agua.
Lejos, muy por encima de las chimeneas,
ahí es donde me encontrarás.

En algún lugar sobre el arcoiris
vuelan pájaros celestes.
Los pájaros vuelan por encima del arcoiris,
entonces, ¿por qué yo no podría?
Si los pájaros vuelan alegremente
más allá del arcoiris…
¿por qué no voy a poder yo?

Este es un vídeo de Youtube para oírla. Tiene subtítulos a la vez en los dos idiomas.

“Se fue demasiado pronto”

2010 Enero 31
por Deyanira

Es un pensamiento que cruza la mente de todos. No importa si estamos hablando acerca de la muerte de alguien de 20 ó 70 años, o de alguien de 5 ó 50 años. Para aquellos que aman siempre es demasiado pronto.

Demasiado pronto para dejar ir. Demasiado pronto para decir adiós. Demasiado pronto para decir “esta vida ha terminado, y no hay más”.  Tales sentimientos solamente señalan lo preciosa que es la vida y la necesidad del espíritu humano para amar y ser amado. Porque lo que se ama fuertemente, no se deja ir fácilmente.

Pero debemos soltarlo. Sin aceptación no podemos seguir adelante. Nos encontraremos siendo  empujados por los dolorosos pensamientos de culpa y pesar, más que animados por pensamientos gentiles y recuerdos agradecidos de una vida bien vivida.

Sin embargo, con frecuencia me he encontrado con individuos -y no solamente individuos que han experimentado una “pérdida repentina”, sino con gente que, en teoría, ha tenido “tiempo para prepararse” -para quienes la muerte de sus seres queridos resulta tan abrumadora que es todo en lo que pueden pensar y todo lo que pueden sentir. Es casi como si se permitieran a ellos mismos dejar de sentir, y solo así pudieran aceptar la muerte de su ser amado.

Y eso no deben hacerlo. Ante su dolor, podríamos preguntarles para estar seguros: “¿ha muerto tu padre?”. Su respuesta seria “sí”, en un tono silencioso y apagado. Pero sus corazones no los dejarán aceptar la muerte sin finalidad.  Habiéndose ido demasiado pronto como para aceptarlo, se encuentran a sí mismos negando la muerte de aquel a quien aman.

En la superficie podemos decir: “Está bien. Cada uno atraviesa el dolor a su propio modo. A algunos les toma una semana o unos cuantos meses. A mí tal vez me tome un par de años”. La Biblia enseña sabiamente que hay un tiempo para todo. Hay un tiempo para sufrir y llorar, pero también hay un tiempo para levantarse nuevamente y vivir.

Todos necesitamos tiempo de duelo, aunque conocemos muy bien a individuos cuyos sentimientos de pesar les han obstaculizado vivir sus vidas. Si vemos mas allá del velo de las explicaciones a medias, encontraremos un grito pidiendo ayuda y entendimiento. “Quiero aceptar su muerte. Realmente lo deseo. Pero no puedo. Es demasiado doloroso. Deseo tanto compartir una plática más, otra cena en un restaurante, otra risa, un llanto profundo… Hay tanto que quedó sin hacer y decir… “.

Con frecuencia la gente busca reconfortarnos con el cliché de que “el tiempo cura todas las heridas”. La realidad es que el tiempo es neutral. No es el tiempo en si el que cura, sino lo que hacemos con nuestro tiempo.

¿Qué hay que decir del dolor?

2010 Enero 24
por Deyanira

El dolor es un maremoto que te sorprende, te aplasta con una fuerza inimaginable, te arrastra hacia la oscuridad, donde tropiezas y chocas contra superficies no identificables, solo para luego ser lanzado en una playa desconocida, lastimado, deshecho.

El dolor es no poder ser capaz de leer más de dos frases sin interrumpir. Es ir a una habitación con una intención que de repente desaparece.

EI dolor es sudor a las tres de la mañana que no para. Son domingos terribles y lunes que no son mejores. Te hace buscar un rostro en una multitud, a sabiendas que el rostro que
queremos, no se puede encontrar en esa multitud. El dolor es una absoluta soledad que destruye la mente más racional y lleva a lo fantasmagórico. Te hace levantarte de repente a la mitad de una junta y salir, sin decir una palabra.

El dolor hace que lo que los demás piensan de ti sea irrelevante. Despoja de mascaras a la vida normal y fuerza a que salga de tu boca una verdad, antes que puedas detenerte. Aleja a los amigos, espanta a los llamados amigos y reescribe tu agenda por ti.

EI dolor te hace reír en la cara de la gente que se queja de banalidades. Le dice al mundo que eres intocable en el preciso momento en el que el tocar es el único contacto que podría alcanzarte.

El dolor no discrimina a nadie. Mata. Mutila. Y debilita. Son las cenizas de donde emerge el fénix y el valor del renacimiento.  Devuelve la vida a los muertos vivientes.Enseña que no hay nada absolutamente cierto o falso. Asegura a los vivos que no sabemos nada cierto.
Humilla. Oculta. Denigra. ilumina.  El dolor hará de ti una persona nueva, si no te mata en el proceso.

Este es un fragmento del libro Companion Through the Darkness: Inner Dialogues on Grief, escrito por Stephanie Ericsson poco después de que su marido muriera inesperadamente, cuando que ella estaba embarazada, esperando el primer hijo de ambos. La mayor parte del libro es una crónica dirigida a su esposo en la que relata su viaje a través del dolor.

Si te ha tocado vivirlo, si te ha tocado realizar el viaje, seguramente no solo te podrás identificar con la autora, también incluirás tus pensamientos del proceso que has vivido.

Sí, el dolor es todo esto y es también una profunda y absoluta soledad.  Pero la ironía de esta soledad es que el dolor es universal y, por lo tanto, tarde o temprano, todos debemos realizar el viaje a través de la soledad del dolor. Y por ello es un proceso.  Si logras llegar a tu meta, hará de ti una nueva persona.

Debemos aceptar que no podremos salir de esa oscuridad que sentimos dominar nuestra vida, no sin antes estar dispuestos a sumergirnos por completo en ella.

Eso exige que nosotros comencemos a caminar en la oscuridad, buscando la salida de ese túnel que nos parece infinito. Sabemos del peligro, lo sentimos en nuestra adrenalina. Pero no hay elección posible.  Simbólicamente debemos entregarnos a la muerte para poder vivir.

Hay un texto del rabino Soloveitchik, que refuerza el pensamiento y el sentimiento de Ericsson. El lo escribió como una reflexión ante el dolor y la tristeza que vivió por la muerte de su esposa.

Con el paso de los años, un hombre acostumbra a llegar a su casa, después de un día de trabajo. Sube los pocos escalones frente a la puerta, como los ha subido siempre. Toca el timbre como de costumbre y espera escuchar, como siempre, los pasos suaves del otro lado de la puerta.

El espera, pero los pasos nunca se escuchan y nunca llegan. Pone su mano en el bolsillo, saca la Llave y abre la puerta. Parece ser la misma puerta y los mismos muebles. todo está limpio y en su lugar, como siempre. Sin embargo, algo ha cambiado.

Todo parece estar en el modo exacto como antes de que saliera de su casa. Todo esta igual, solo que no hay nadie esperándolo. Alrededor hay un espacio y un silencio, que a veces es peor que los llantos angustiosos del corazón.

Y repentinamente, el luto envuelve todo su ser. Y el llanto suplanta la risa y la soledad ocupa todo el espacio.

A leer sus palabras, no podemos dejar de transportarnos a nuestra experiencia personal. Evocamos, por medio de la memoria de nuestro corazón, cómo era todo antes de aquel momento en que partieron nuestros seres queridos. Recordamos cómo eran, qué era lo que más queríamos o admirábamos de ellos. Y volvemos a descubrir la última soledad: la del amante sin el amado, los hijos sin sus padres, el padre sin sus hijos. Reconocemos que estamos incompletos, porque una parte nuestra se ha ido y ha dado lugar a un dolor que nos asfixia.

Pero debemos encontrar la fuerza de declarar que a pesar de ese dolor, de la ausencia y del silencio, la vida debe seguir adelante. Que la vida continúa y puede ser buena, no porque los hayamos olvidado; justamente lo contrario. Porque hemos elegido recordar. Recordar sus cualidades y defectos, sus ideas e ideales, su amor.

Y se quedan con nosotros en vida, tal como nosotros nos quedamos con ellos en la muerte. Y entregados a la muerte buscamos recuperar la vida. Desde esa oscuridad que nos domina, comenzamos a entender que  el tiempo solo, no cura.

Es la lealtad a la vida la que cura. Y cuando seamos presa de la desesperanza, de la oscura soledad, debemos recordar que el momento más oscuro de la noche, se da, exactamente, en el instante previo al amanecer.

¿Por qué Dios me hizo ésto?

2010 Enero 17
por Deyanira

En muchas culturas existe una leyenda similar. Una mujer perdió a un ser querido que era su alegría y la razón de su existencia. Desolada y llena de angustia, llega con el hombre sabio de su pueblo, gritándole: ¿por qué yo? ¿Por qué yo?

El sabio, buscando consolarla, le pidió que preparara un pastel; sin embargo, la harina para cocinarlo debía conseguirla solamente de aquellas casas del pueblo donde no hubiera existido tristeza o dolor. La mujer fue de casa en casa y, según sabemos, jamás logró preparar el pastel.

La pregunta “¿por qué Dios me hizo esto?”, deja de atormentarnos cuando descubrimos que no estamos solos, que también otras personas viven su dolor por la pérdida de un ser querido único e irremplazable. No somos viajeros solitarios en el valle de las sombras y por eso podemos ver a la  muerte tal como es: no un acto malévolo de un Dios vengador, sino parte de un misterio incomprensible de la existencia humana en donde la luz y la oscuridad, la alegría y la tristeza, el nacimiento y la muerte están  entretejidos y son inseparables.

LA VIDA ES UN VIAJE

Nacer es un comienzo,
y morir, un destino.

Y la vida es un viaje:
de la niñez a la madurez
y de la juventud a la vejez;
de la inocencia a la conciencia
y de la ignorancia al conocimiento;
de la tontería a la discreción
y entonces, tal vez, a la sabiduría;
de la debilidad a la fortaleza
o de la fortaleza a la debilidad.

Y así, otra vez;
de la salud a la enfermedad
y otra vez, rezamos por la salud;
de la ofensa al perdón,
de la soledad al amor,
de la alegría a la gratitud,
del dolor a la compasión.
Y la aflicción del entendimiento,
del temor a la fe;
de fracaso en fracaso
hasta que al volver la vista atrás
o ver hacia adelante,
nos damos cuenta  de que la victoria no se encuentra
en las alturas a lo largo del camino,
sino al haber realizado el viaje, paso a paso,
como un sagrado peregrinaje.

Nacer es un comienzo,
y morir, un destino,
pero la vida es un viaje,
un sagrado peregrinaje
a una vida eterna.

Alvin Fine

Estar en duelo

2010 Enero 11
por Deyanira

Alguien que amas ha fallecido.

Tal vez esperabas su muerte y te habías preparado. O creías haberte preparado para enfrentarla.

Quizás su pérdida llegó súbitamente como una sorpresa inesperada.

Como sea que haya sucedido, ni tu vida es la misma ni tú eres la misma persona. Es posible que estés enfrentando un momento en el que cada DIA resulta una agonía.

Es probable que sientas que no importa lo que hagas, no puedes escapar a una angustia que parece controlar tu vida.

Cuando consigues quedarte dormido para no sentir la tristeza por un rato, descubres que la pena te sigue hasta tus sueños.

Entonces, cuando despiertas, te hiere una vez más: ¿Cuanto tiempo debes continuar viviendo así?

También te preguntas si tu vida mejorara algún día, si habrá motivos para albergar nuevas esperanzas o una razón para vivir. Y algunos días sientes que ya estas en tu limite de resistencia y quieres darte por vencido.

Por otro lado, es posible que esta muerte no sea lo peor que te haya sucedido. Puede que recuerdes otros momentos en la vida que fueron tan o  mas difíciles. Sin embargo, es probable que sientas que esta experiencia por la que atraviesas es la más difícil. Es natural que te sorprendas por la cantidad de dolor que eres capaz de sentir.

No importa cuanto dure este periodo de duelo. Hay una gran probabilidad que parezca demasiado largo. Casi siempre es mas prolongado de lo que la gente espera, especialmente para aquellos a tu alrededor que no entienden cuánto se ha afectado tu vida. Están ansiosos de ver que tú vuelvas “a ser normal”. Quizás te animen a hacerlo mas rápido de lo que tú requieres. Y ellos pueden no estar preparados para el hecho de que tu “antiguo estado de normalidad” no sea tu “nuevo estado normal”. De hecho, también es probable que tu dolor se alargue más de lo que tú mismo deseas. Puede que te canses de estar siempre cansado. Puede que te sientas debilitado por’ el dolor e incomodidad perpetuos.

Sin embargo, tu desafío es permanecer con tu dolor el tiempo suficiente, ni una hora mas de lo  que necesitas ni una hora menos de lo que tu perdida te exige. Por mas incomodo que para ti sea este momento, tu dolor tiene un propósito: te ayuda a sanar. De hecho, solamente sintiendo la pena será posible la recuperación.

La pena te irá ayudando en el proceso de dejar ir, que para nada significa olvidar. Significa alcanzar la madurez en un proceso doloroso que comienzas con la muerte de tu ser querido.

Debes ser conciente de que lo  que aquí leas no puede llevarse tu dolor ni hacerlo desaparecer. Seguramente, aminorara un poco tu pena. Quizás podrás ver un rayo de luz hacia delante. Pero ciertamente, lo  que aquí leerás intenta alentarte a que puedas enfrentar tu proceso. Porque solamente encarando el dolor como una travesía aceptaras lo que ha sucedido y, con el tiempo, llegaras a otro lugar en tu vida: al extremo más lejano de tu pena.

Pero es una travesía que debes realizar por ti mismo. Otros han realizado previamente el viaje que estas haciendo ahora y han vuelto a llevar vidas completas, ricas y comprometidas. Otros están haciendo un viaje como el tuyo y están aprendiendo al mismo tiempo que tú lo  haces. Hay gente a tu alrededor que desea apoyarte y hacer lo que pueda por ti. Hay compañeros que te esperan a lo largo de todo el camino. Puede que todavía no hayas sentido su presencia, pero ahí están.
 
No todos los pensamientos  plasmados en estos textos se podrán aplicar de igual manera a tu situación. Algunos lo harán mejor que otros. Toma las ideas, pensamientos y sugerencias con las que te identifiques. Deja lo demás para otras personas, para otra etapa o para otro momento de tu vida.

Sí, esta experiencia duele. Sí, puede que el camino te parezca largo. Sí, parece complicado y difícil. Pero no tienes que viajar completamente solo. No tienes que atravesar esto a ciegas. Puedes hacer hasta aquello que te ha despertado temor.

Puedes encontrar maneras de ayudarte a ti mismo, así como formas de aceptar ayuda. Después entenderás que esta experiencia puede ser tiempo de crecimiento. Gradualmente podrás regresar de nuevo a la vida. En otras palabras: puedes sanar, sentirte completo o completa y nuevamente ser tú mismo. Puedes y, al atravesar todo el proceso de duelo, lo serás.

Atravesar el dolor nos lleva al corazón mismo de la vida. Solamente nos duele perder aquello que hemos amado, y siendo transitoria la naturaleza de la vida, el amor y la perdida están íntimamente conectados. Todos experimentamos algún tipo de perdida en nuestra vida diaria, desde situaciones aparentemente superficiales hasta pérdidas mayores como la de un ser amado, una relación o un sueño.

MARCELO RITTNER   Aprendiendo a decir adios

El duelo como forma de curación

2010 Enero 5
por Deyanira

Sanar nuestra pena es una travesía, no un destino. El recorrido hacia nuestra curación nos solicita entretejer nuestras pérdidas en la tela de nuestra vida.

Cuentan que un hombre se encontraba perdido en el bosque durante muchos días y su provisión de agua y alimento estaba a punto de terminarse. Cada hora que pasaba se sentía más desesperado y temeroso. Se hallaba completamente agotado, pero no podía quedarse dormido. Lentamente, se dio cuenta de que había caminado en círculos y siempre regresaba al mismo lugar. Sabía que su fin se acercaba.

De repente, a lo lejos, noto como se acercaba la figura de otro errante maltrecho. Se llenó de dicha al pensar: “por fin un camino fuera de este oscuro  y  terrible bosque”. El hombre juntó las fuerzas que le quedaban y corrió hacia el extraño mientras gritaba: “¡hermano, no puedo decirte lo feliz que me hace encontrarte! ¿Cual es el camino para salir de aquí?”

El extraño le respondió: “amigo, lamento decepcionarte, pero también yo he estado perdido durante días por este bosque. No puedo salvarte, yo también estoy buscando el camino para salir de aquí”.

Desesperado, el primer hombre clamó: “entonces todo está perdido. Es el fin. No tiene caso continuar”, y cayó de rodillas llorando.

El extraño respondió con voz consoladora: “amigo, ¿por que pierdes la esperanza? Caminemos juntos. Yo te mostrare los senderos que he seguido y no me llevaron a ninguna parte, y tu me mostraras los senderos que tú has tomado y que no te llevaron a tu destino. Caminemos juntos y encontremos un sendero que nos conduzca a casa”.

Cuando alguien que amamos nos ha sido quitado, o cuando sentimos el pesar de la posibilidad de perder ese amor, frecuentemente nos encontramos solos y perdidos en un mundo oscuro y temible con cambios y transiciones radicales. Los viejos senderos del significado y de la estabilidad están bloqueados, y la tarea de abrir nuevos caminos hacia una vida satisfactoria parece casi imposible.

Cuando nuestra vida se ha basado en la fuerza de nuestras conexiones, ¿como es posible seguir adelante ante la perdida y la ruptura de estos vínculos?

No hay una respuesta sencilla para estas preguntas, y frecuentemente, el camino para salir del bosque no es fácil de ver. Un camino que, más temprano o mas tarde, todos debemos transitar.

Siempre jugué con la imagen de que cada uno de nosotros es como un rompecabezas al que, con el paso de los años, vamos agregando piezas. Piezas de nuestras experiencias, nuestras relaciones, nuestras imágenes y nuestros recuerdos. Cuando la muerte nos lastima, cuando toca nuestra vida, simbólicamente se convierte en una pieza que nos es arrancada de esa figura que hemos tratado de crear. Y sin embargo, cuando miras a lo lejos, la figura parece ser la misma; solamente cuando la observas de cerca, notarás la falta. Debemos continuar viviendo como si estuviéramos completos, sabiéndonos incompletos.

Estas líneas son para aquellos cuyo rompecabezas personal esta incompleto desde que la muerte los tocó. Si no recuerdas nada más, memoriza esto:

No estas solo, estamos juntos en el dolor y estamos juntos en la larga travesía de la oscuridad a la luz. Caminemos y juntos encontremos un sendero que nos conduzca a casa.

MARCELO RITTNER   Aprendiendo a decir adios

Aprendiendo a decir adios

2009 Diciembre 30
por Deyanira

Cuando llegue al final del camino y el Sol se haya puesto para mí,
no quiero ritos en una habitación llena de tristeza.
¿Por que orar por un alma que es libre al fin?

Échame de menos un poco, pero no por mucho tiempo,
y no cabizbajo,
recuerda el amor que una vez compartimos,
échame de menos, pero déjame ir.

Porque este es un viaje que todos debemos hacer,
y cada uno debe ir solo.
Todo es parte del plan del Maestro.
Me encuentro camino a casa.
Estoy bien. Estoy en paz.
Pero me preocupas tú.

Cuando estés sola y tu corazón se sienta invadido
por la tristeza o la melancolía,
acude a los amigos que conocemos, entierra tus pesares
haciendo buenas obras.
Y avanza por él camino de tu vida.
Échame de menos, pero déjame ir.

Os recordamos

2009 Diciembre 27
por Deyanira

Al amanecer y al atardecer,
os recordamos.

Cuando sopla el viento y en el frío del invierno,
os recordamos.

Al abrirse las flores y en el renacimiento de la primavera,
os recordamos.

En lo azul del cielo y en lo cálido del verano,
os recordamos.

Con el rumor de las hojas y en la belleza del otoño,
os recordamos.

Al principio del año y cuando termina,
os recordamos.

Mientras vivamos, vosotros también viviréis;
ya que ahora sois una parte de nosotros,
al recordaros.

Cuando estamos fatigados y necesitamos fuerza,
os recordamos.

Cuando estamos perdidos y angustiados,
os recordarnos.

Cuando tenemos alegrías que deseamos compartir,
os recordamos.

Cuando debemos tomar decisiones difíciles,
os recordamos.

Cuando logramos algo que empezó con ellos
os recordamos.

Mientras vivamos, vosotros también viviréis;
ya que ahora sois una parte de nosotros,
al recordaros.

Es Navidad: unámonos todos y nos sentiremos mejor

2009 Diciembre 25
por Deyanira

One Love, One Heart
Let’s get together and feel all right
Hear the children crying (One Love)
Hear the children crying (One Heart)
Sayin’ give thanks and praise to the Lord and I will feel all right
Sayin’ let’s get together and feel all right

Let them all pass all their dirty remarks (One Love)
There is one question I’d really like to ask (One Heart)
Is there a place for the hopeless sinner
Who has hurt all mankind just to save his own?
Believe me

One Love, One Heart
Let’s get together and feel all right
As it was in the beginning (One Love)
So shall it be in the end (One Heart)
Give thanks and praise to the Lord and I will feel all right
One more thing

Let’s get together to fight this Holy Armageddon (One Love)
So when the Man comes there will be no no doom (One Song)
Have pity on those whose chances grove thinner
There ain’t no hiding place from the Father of Creation

Sayin’ One Love, One Heart
Let’s get together and feel all right
I’m pleading to mankind (One Love)
Oh Lord (One Heart)

Give thanks and praise to the Lord and I will feel all right
Let’s get together and feel all right

Playing for change

Un amor, Un corazón.
Unámonos todos y nos sentiremos bien.

Oye a los niños llorar: Un amor.
Oye a los niños llorar: Un corazón.
Agradezcamos  y alabemos al Señor y sentiré que todo está bien.
Unámonos todos y nos sentiremos bien.

Dejémosles pasar todos sus sucios comentarios. Un amor
Sólo hay una pregunta que realmente quiero hacer. Un corazón
¿Habrá sitio para un pecador sin esperanza…
que lastimó a toda la humanidad para salvarse?
Creedme.

Un amor. Un corazón.
Juntémonos todos y nos sentiremos bien
Como fue en el comienzo…Un amor.
Será al final…un corazón
Elevemos gracias y alabanzas al Señor y me sentiré bien.
Una cosa más.

Juntémonos para combatir este Sagrado Armagedón. Un amor
Así cuando llegue el hombre ya no habrá más perdición. Una canción
Ten piedad de aquellos que apenas tienen una oportunidad.
No hay lugar para ocultarse del Padre de la Creación.

Diciendo Un amor, un corazón
Unámonos todos y sintámonos bien.
Le pido a la humanidad…Un amor.
Oh, Señor…Un corazón.

Dando gracias y alabanzas a Dios   sentiré que todo está en paz.
Unámonos todos y nos sentiremos bien.

Nochebuena

2009 Diciembre 24
por Deyanira

navidad3

TE QUEREMOOS
TE QUEREMOOS
TE AMAMOS

Sed felices tú, y tus hermanos del Allá, y los abuelos y todos.
Mandadnos esa paz que nosotros tanto necesitamos y vosotros ya disfrutáis.

No os habeis ido….porque os hemos amarrado a nuestro corazón.
No habeis desaparecido…porque en cada acto de AMOR de nuestras vidas estáis vosotros.

Que vuestras manos sigan desprendiendo esos rayos de luz que iluminen nuestro camino.
Que esas estrellas que alcanzáis nos sigan dando calor en la noche.

Queridos mios…mis tesoros incalculables….sed felices, tengo la certeza que al final del camino lo haremos juntos…

Todos juntos

FELIZ NOCHEBUENA y FELIZ NAVIDAD

Es Navidad y en casa hay una silla vacía

2009 Diciembre 23
por Deyanira

Consejos para afrontar la navidad para familias en duelo

Se   acercan las  fiestas  de  Navidad  y  para  la  mayoría  de  las  personas   es  motivo  de reencuentros familiares,  alegría  y  mucha  diversión;  pero  para  aquellas  familias  que  han  sufrido  la  muerte  de un ser  querido,  se  trata  de  tiempo  muy  difícil,  de  nostalgia,  sufrimiento  e  incomprensión.  La esencia de la Navidad se encuentra en  la vida familiar,  en el compartir de  forma gestual  el  afecto que  nos  profesamos,  y  el  gozo  de  poder  estar  juntos.  Comemos  los  platos  tradicionales,  nos hacemos regalos, y organizamos  actividades  con los pequeños. Pero  para aquellos en duelo todos estos momentos  despiertan sentimientos de  aflicción por la ausencia de la persona  fallecida. Más que  en  ningún  otro  momento  del  año,  la  Navidad  es  una  contradicción:  él  o  ella  no   están, entonces ¿qué sentido tiene la celebración de estos días?

Si estás en duelo, es  natural que te sientas triste, sobrepasado  e incluso enfadado, y como no  eres capaz de controlar tus emociones, entrarán en conflicto con lo que se espera que hagas estas fiestas.  Los otros:  hijos,  hermanos,  quizás  tu  pareja,  tus  amigos más  íntimos, te  piden que  estés presente,  que  estés  bien,  que  hagas  lo  de  siempre,  que  tires  adelante;  pero  tú  estás  roto  por dentro, no tienes fuerza y desearías ya que estos días hubieran pasado. No  puedes dejar de pensar en  tu  persona   querida  ausente.  Te  molestan  las luces  de  las  decoraciones, la  música  tradicional de  las  fiestas  y el  pensar  en  los  regalos  y  las  comidas.  Mucho antes  de  que  lleguen  estas fechas ya  empiezas  a temerlas.  Te  preguntas  cómo  podrás resistirlo  y cómo harás para que la tristeza no  te  embargue, arruinando  las  fiestas  a  los otros miembros  de  la  familia.   Magda lo explica así:

Mi  pareja  murió  de  forma  repentina  dos  meses  antes  de  Navidad.  Recuerdo  que  durante  el funeral desee cerrar  los ojos  y  que  pasaran   dos  años  para que así  cuando  despertara mi  dolor hubiera  desparecido.  Fueron  dos  meses terribles:  un  dolor insoportable  y  que  parecía no  tener fin.  Nada  podía  consolarme,  parecía  que  había  caído  en  un    agujero  negro  como  un  pozo. 

No celebramos  nada  esos  días,    hicimos  como  si  fuera  un  día  normal.  ¿Cómo  podía  yo   celebrar algo?  No entendía  cómo toda la  vida  de los demás podía   continuar como  si nada y yo  mientras me sentía rota por dentro. Estaba cabreada con la vida y con todo lo que significaba la Navidad. Además,  la  muerte  era  como  un  tabú:  nadie  me    hablaba  de  él,  era  como  si  nada  hubiera sucedido.

Lo  más  natural  para  muchas  personas  en  duelo  es ,  como  Magda  cuenta, pensar  que  la  mejor opción  es  suprimir  las  Navidades.  Hay  muchas  familias  que  toman  esta  decisión.  Ante  el  dolor de  lo  que  les  espera  prefieren  cancelar  la  Navidad, no  organizar  nada  que  les  recuerde  estas fechas  y  o  hacer  algo  distinto:  un  viaje  por  ejemplo,  a  un  sitio  lejano,  un  lugar  que  no  les recuerde  nada de  lo  sucedido,  donde  nadie les conozca,  lejos de  la casa, los  amigos,  los  rituales. Nuria  y su marido  tomaron esa  decisión las  primeras Navidades:

Aquellas  primeras Navidades para  no  sentir  tanto  dolor,  tanta  ausencia,  tanto  vacío  nos  pareció  que  lo  mejor  era  pasarlas  fuera, en otro  país,  otro  clima  que  no  nos  recordara esas  fechas;  pero  muy  pronto nos dimos cuenta que no importaba dónde  fuéramos  el  dolor y  el  vacío nos los  llevábamos  dentro   y ni  la belleza del lugar ni el clima benigno podían calmar lo que sentíamos.

La opción de intentar huir  de  los  recuerdos  y  las  obligaciones  de  la  Navidad  es  natural  y  humana.  Es  posible que  esto te haga estas fechas  más ligera, pero  recuerda que la pena la llevas allí donde  tu vayas  y  que la  próxima Navidad  vas a tener  que  afrontar la  misma decisión  con  la  diferencia  de que  habrá  pasado  un  año,  pero  el  dilema    será  siendo  el  mismo:    ¿como  organizar  la  primera Navidad  sin  él  o  ella? 

Huir  de  la  situación  no  la  resuelve;  el  dolor  emocional  podemos posponerlo,  pero  nunca  evitarlo,  siempre  acaba  emergiendo  y  con  el  tiempo  se  crece.   

Muchas familias  que  han  ensayado  esta  opción  manifiestan  que  el  siguiente  año  es  peor.  Otras  han acabado  por  no  organizar  nunca  más  una  fiesta  de  Navidad:  año  tras  año  el  dolor  se  ha  ido acumulando  y  cada  vez  es  más  difícil  romper  lo  que  ya  se  ha  convertido  en  un  hábito  de evitación.

Quizás  perteneces  a  una  familia que  ha  escogido  otro  camino  que es   hacer  lo  de siempre,  en  un intento  de seguir la  vida  como  si  nada hubiera  pasado. Para algunas  familias   funciona  el  lema “hay  que  hacerse  el  fuerte  y  lo  mejor  para  sobrellevar  la  situación  es  no  hablar  de  ello”. No mencionáis nunca  a la persona ausente, e intentáis  borrar o apartar  todo lo que pueda suscitar un recuerdo emotivo. 

El dolor se esconde y controla y se instala la   máscara de duelo, ese “hago  ver que  lo  llevo  bien” que  todos  se  colocan  en  un  intento  de  protección.  Es  posible  que  en  algún momento  estas  defensas  no  funcionen  y  alguien  se  emocione  y  las  lágrimas  le  humedezcan  los ojos.  Entonces    otro  miembro  de  la  familia saltar a  con  un:  “no  te  pongas  así,    por  favor,  hazlo por  nosotros”  y  entonces  hay  que  tragarse  el  nudo  y  retirarse  quizás  a  llorar  en  la  cocina,  en algunas  familias  el  baño  es  el  último  refugio  dónde  uno  puede  expresar  sus  sentimientos. 

En estas  familias  el  dolor  debe  vivirse  en  soledad.  Todos  los  miembros  de  la  familia    se comprometen  en  un  acuerdo  no  explicito,  en  negar  o  evitar  todo  lo  que  sea  emocional. 

Esta manera  de  afrontar  la  Navidad,  solo  empeora  las  cosas:  los  sentimientos  encubiertos acaban  saliendo  de  forma  distorsionada.  Las  personas  en  duelo  acaban  no  mencionando  a  sus seres  queridos  para  no  preocupar  a  los demás,  y  el  resto  tampoco  habla  para  no  preocupar  a  los dolientes.  Todos sufren en silencio  lo  que acrecenta  más  y  más los  sentimientos  de inadecuación y  el  aislamiento;  todo  ello  acompañado  de    mucha  tensión  fruto  de  los  esfuerzos  para  mantener esos  muros  de  silencio.   Esta  tensión  a  menudo  se  traduce  en  situaciones  de  agotamiento, irritabilidad, y mucha ansiedad.

Pero  hay  otra  posibilidad  que  puedes  plantear:  construir    una  nueva  Navidad.

Nunca  nada volverá  a  ser  como  antes  pero  tu  y  tu  familia  podéis  empezar  a  afrontar  la  vida  de  una  manera distinta.  Podéis  mantener  lo  que  os  ayude  en  este  proceso,  eliminar  lo  que  no  os  ayuda  y  crear nuevas  formas  de  vivir  estas  fiestas.  ¿Cómo  se  hace  esto?  Te  damos  unas  sugerencias  fruto  de nuestro trabajos con familias que como tú, han perdido a un ser querido.

Haz  una  reunión  familiar  antes  de  que  lleguen  las  fechas. Convoca  a  toda  la  familia  a  una reunión abierta  para hablar  de  las fiestas.  Es importante  que participen  lo s  mayores,  los  niños  y adolescentes  también,  y  los  amigos  significativos  si  los  hay.  La  reunión  debe  hacerse  con  tres normas  muy  sencillas:  nadie  interrumpe  cuando  uno  habla,  hay  permiso  para  expresar sentimientos  y  todos  deben  tener  su  tiempo,  niños  incluidos. 

Hablad  de  vuestras  emociones,vuestras  necesidades e  inquietudes,  vuestros  temores.  Hablad  de  lo  que  cada  uno  necesita  estos días,  las  distintas  opciones  y  los  deseos:  ¿queréis  hacer  cosas  como  siempre?  ¿Qué  cosas deseáis? ¿Cuáles  afrontáis con temor? El simple hecho de realizar  este  encuentro ya  supondrá  un gran  cambio  en  la  manera  de  comunicaros  en  la  familia:  estás  diciendo  que  os  necesitáis mutuamente,  que  habéis  vivido  una  ex periencia  muy  traumática,  pero  queréis  compartirla  en familia  y  que la expresión de vuestros sentimientos estos días es esencial,  os vais a dar permiso y no vais a dejar que se instalen entre vosotros  muros de silencio.

Repasad  lo  rituales  habituales  de  vuestra  familia: el  árbol  de  Navidad,  el  pesebre,  las comidas,  los  regalos,  los  Reyes,  la  fiesta  de  fin  de  año.  Dejad  que  cada  uno  exprese  su  sentir respecto a cada uno  de  ellos.  Habrá algún miembro de  la  familia que manifestará su deseo de  no hacer  nada;  otros,  como  los  niños  y  adolescentes  por  ejemplo,  expresaran  su  necesidad  de celebrar  a  pesar  de  lo  sucedido. 

Escuchaos  mutuamente  y  pactad  lo  que  podéis  o  no  hacer  y compartir.  Haced  saber  a  la  familia  extensa  lo  que  habéis  decidido,  explicarles  que  os  habéis reunido  y  lo  que  necesitáis  de  ellos.  Vuestros  amigos  y  familia  más  lejanos  respetarán  vuestras decisiones  y  agradecerán  saber  cómo  pueden  ayudaros.

Mª  Jesús  participaba  en  el  grupo  de apoyo  al  duelo  y  después  de  oír  las  recomendaciones  para  las  fiestas  de  Navidad  cambió  su perspectiva  sobre  cómo  afrontar  esas  fechas:

Decidí  empezar  a  moldear  mi  primera  Navidad. Hablé  con  mis  hijos,  y    decidimos  hacer  el pesebre  como  cada  año  habíamos  hecho,  pero  esta vez  con  un  nuevo  elemento:    la  foto  de  su  padre  acompañada  de  las  felicitaciones,  poemas  de Navidad  que  los  niños  habían  escrito  en  el  colegio  y  tres  velas. 

Me  di  cuenta  de  que  me resultaría  menos  difícil  si  me  dejaba   llevar  por  la  iniciativa  de  esos  dos  pequeños  que  en  ese momento  parecían  tener  mas  fuerzas  para  tirar  del  carro.  

Antes  de  empezar  el  día,    con toda  la  familia  alrededor de la foto  y   las  velas  encendidas, nos  dimos  un  tiempo  cada  uno para expresar nuestros pensamientos o  sentimientos con palabras, o con algo de música o en silencio.

Los  niños  recitaron  los  poemas  de Navidad  y  nos  enseñaron  dibujos  que  habían  hecho  para la ocasión.  Una  vez  deshecho  el  nudo  que  teníamos  todos,  nos  fue  mucho  mas  fácil  darnos  los regalos y celebrar el día con los niños.

Buscad  una  manera  simbólica  de  recordar  a  la  persona  fallecida  a  lo  largo  de  las  fiestas. Buscad  una  manera,  o  un  espacio  o   un  tiempo  específico  para  rememorar.  Haced  que  todo  el mundo  que  lo  desee  participe  de  este  espacio.  Sed  creativos:  los  niños  os  darán  muchas  ideas.

Marcad  los  momentos  de  recordar  de  forma  clara,  eso  ayudará  a  que  el  resto  del  tiempo  pueda vivirse con menos dolor.   Quizás  un tiempo  adecuado   puede ser  antes de empezar  la  comida,  o antes de abrir  los regalos,  o  en  algún  momento  ante  el  pesebre.  Un simple  momento de pararse, recordar  cuanto  nos  hubiera  gustado  que  nuestra  persona  querida  estuviera  con  nosotros  y celebrar  y  honorar  su  vida  y  su  muerte.  Quizás  compartir  lo  que  le  hacia  tan  especial.  Y  si alguien  se  desborda  emocionalmente,  simplemente  darle  la  mano  o  ofrecerle  un  hombro afectuoso  y  no permitir  ni  que se  aísle, ni que  pare el llanto o  la  emoción  que le  embarga.

Nuria lo cuenta así:

Antes de empezar a comer, cuando  estábamos todos sentados en la mesa, sugerí si podíamos  cogernos  de  las  manos,  cerrar  los  ojos  un  instante  y  sentir  que  nuestra  hija  Susana formaba  parte  de    la  comida.  Que  aunque  su  silla  estuviera  vacía  ella  estaba  con  nosotros aunque  de  otra  manera.  Hubo  mucha  emoción  y  muchas  lágrimas  pero  ¿qué  otra  cosa  podía haber en esa primera Navidad?  ¿Y  qué mejor que compartirlo con aquellas  personas que tanto  la querían y a quien ella quería tanto?

Cuando  fue la hora del brindis, brindamos también por ella,y  no  hay Navidad  ni  celebración  donde  no  la recordemos  y  brindemos  por ella  y  por la vida  en mayúsculas que vivió tan plenamente a pesar de su brevedad.

Hablad de  las cosas que haréis con  los niños, tenedlos en  cuenta. Incorporad a  los pequeños  en todos  los  rituales  de  recuerdo.  No  podéis  pasar  las  fiestas  haciendo  ver  que  nada  ha  sucedido, que  la  persona  ausente  no  ha  existido  nunca  o  está  de  viaje. 

Cuando  un  niño  afronta  una situación  de  crisis  en  la  vida,  lo  primero  que  hace  es  mirar  a  los  ojos  del  adulto  que  le acompaña. Si ve miedo, entonces  responderá  con miedo.  Pero si el niño tiene  la  fortuna  de estar rodeado  de  adultos  que  sienten  su  dolor  y  lo  expresan  sin  temor,  entonces  reaccionará  de  la misma  manera,  y  estaremos  educando  a  niños  fuertes  para la  vida. 

Lo  que  intranquiliza  al  niño no  es  nuestro  miedo  a  la  muerte,   sino  nuestro  miedo  a  hablar  de  ella.  Un  niño  no  teme  a  la muerte  si  los  adultos  que  le  rodean  no  temen  sus  preguntas  ni  esconde sus  sentimientos.

Entonces, cuando sean mayores preguntarán  sobre estas primeras Navidades sin  papá  o mamá,  o el  hermanito,  o  el  abuelo  ,  y  les  podremos  ex plicar  las  cosas  que  hicimos  con ellos,  y  de  cómo participaron  en  los  rituales:  les  podremos  dar  la  certeza  de  que  hicieron  algo  en  honor  de  la persona  fallecida. 

A muchos  niños  les  gusta  preparar  dibujos  simples,    y  emotivos  escritos  que después podemos leer al empezar o terminar la co mida, colgar en el árbol de Nvidad, o depositar en un rincón especial del belén.

Edward  perdió a  su madre  y  dos  hermanos en  un  accidente  de automóvil.  Cuenta así su experiencia:

Esa  primera  Navidad  después  del  accidente  fue  un  infierno.  Mi  padre  se  encerró desesperado,  dejó  de  hacer  de  padre.    Lo  eché  de  menos  en  el  momento  en  que  más  lo necesitaba. 

Estaba  solo  sin  nadie  a  mi  lado,  nadie  lloraba  conmigo,  tenia  11  años  y  dos hermanos  pequeños.  Intentábamos  vivir  como si nada  hubiera  pasado. Mis  hermanos    pequeños parecían no  recordar  mucho del  pasado. 

Papa  y yo sobrevivíamos en  silencio.  Pero  como niño eché  de  menos  una  presencia  simbólica  que  me  acompañara  escuchara  y  sostuviera  en  esas fiestas. 

Creo  que  todos,  tengamos  la  edad  que  tengamos,  necesitamos  llorar,  ser  acogidos  y despedirnos  de  alguna  manera.  Me  hubiera  gustado  poder ir  al  funeral que fue unos  días antes de  Navidad  pero no me  dejaron.  

He aprendido  con  mi duelo que  los padres deben saber hablar con  sus  hijos  de  los seres queridos  que  fallecen, tenerlos  en cuenta  tengan la edad  que  tengan,recordar  los momentos  tristes  y  los  alegres,  y sobre todo, eso  tan importante  que  es  poder  llorar juntos.

El mayor  miedo d el  hombre es  expresar la  propia vulnerabilidad.   Nos  da  miedo  hablar de todo lo  que es incómodo  y  nos  despierta sufrimiento. ¿Por qué nos produce tanto temor  expresar dolor?

Hay factores  culturales  y también de  educación que  explican  la  dificultad en  conectar  y expresar sentimientos  difíciles.  Pero  las  lágrimas  de  emoción  ante  un a  pérdida  de  un  ser  querido  son  la manifestación  más  natural  de  amor  que  lo  seres  humanos  tenemos:  una  muestra  de  que  hemos amado  y  de  que  echamos  de  menos  ese  amor,  de  que  nos  importa  lo  que  nos  ha  sucedido  y necesitamos  expresarlo  y  ¿por  qué  paramos  esta  forma  natural  espontánea  y  humana  de expresión? 

Nos  han  enseñado  que  eso no  está  bien, que mostrar  emociones  es ser  inadecuado  y que el dolor hay que llevarlo en la intimidad como si fuera algo de lo qu e uno debe avergonzarse. Pero hoy  sabemos que no expresar el dolor, lo  que llamamos conductas  de evitación  en el duelo, acarrea  consecuencias  graves  de  salud  física  y  mental.  Están   descritos  problemas psicosomáticos,  insomnio,  trastorno  de  ansiedad  y  depresión,  problemas  de  salud,  mayor incidencia  de  cáncer  y  enfermedades  coronarias.  De  una  manera  metafórica,  es  posible  que  las lágrimas  no  expresadas  intoxiquen   nuestro  cuerpo.

Por  otro  lado  no  están  descritos  efectos secundarios  negativos  asociados  a  la  expresión  del  dolor,  a  permitir  el  llanto,  si  acaso  un aligeramiento, más comprensión sobre  lo sucedido, y mejores  relaciones  con los  que nos rodean. Las  lágrimas  contienen  hormonas  del  estrés  y  son  la  forma  natural  que  tiene  nuestro  cuerpo  de relajar la tensión y mejo rar la capacidad  de procesar acontecimientos  traumáticos de  una  manera más sana y con menos consecuencias para la salud.

Quizás  deberíamos  empezar  a  diferenciar  que  hablar de  la  muerte  no es  morirse.  Podemos sentir miedo  a  la  muerte,  y dolor  ante   la pérdida  de  un ser  querido significativo,  eso  es humano, pero lo  que  es  inhumano  es  nuestra  incapacidad  para  hablar  de  ello,  nuestro  miedo  a  compartir nuestras  preocupaciones sobre  el morir,  o sobre  lo que echamos  de  menos  de  los  seres queridos que  nos  han  dejado.  

Si  somos  capaces  de  trasmitir  que  no  tenemos  temor  a  ese  compartir  de afectos,  que  no  tememos  hablar  de  nuestro  miedo  a  la  muerte  con  nuestros  amigos  hijos  y conocidos, entonces  estamos enseñando que el dolor es  soportable si  se  puede  compartir,  que  se puede  vivir  el  duelo  de  otra  manera  muy  distinta  con  más  conciencia  y  confianza. 

Es  entonces cuando en el contacto cálido de la gente que nos escucha sin miedo, ni prisa, y que acoge nuestro dolor,    podremos  abrirnos  a  la  posibilidad de encontrar  una  esperanza,  un  sentido al  misterio  de la experiencia tan extraordinaria que es la vida y que es la muerte.

Adolf, tras  la muerte de su hijo Carles nos lo dice  con  estas palabras:

Es triste que tengamos que sufrir  la  pérdida  de  un  ser  querido  para  darnos  cuenta  de  lo  que  es,  lo  que  cuesta    y  lo  que representa  vivir  la  vida  con  plenitud,  no  “pasar”  por  ella  sino  “vivirla”. 

Poder  discernir  las cosas  que  realmente  tienen  importancia  de  aquellas  otras  por  las  que  nos  preocupamos,  nos enfadamos,    discutimos  y  realmente  no  son  importantes. 

Aprender  a    disfrutar de  los  pequeños grandes  detalles  de  la  vida:  la  compañía  de  nuestros  seres  amados,  una  comida  familiar,  una cena  con  los  amigos,  leer  un  libro  en  una  playa  donde  rompen  las  olas  o  simplemente  dar  un beso  a  tu  pareja,  a  tu  hijo  o  a  tu  madre…  tantas  cosas  que  por  si  mismas  justifican  el  haber nacido.

Alba Payás Puigarnau. Psicoterapeuta.

Se acerca la Navidad

2009 Diciembre 22
por Deyanira

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Aun no puedo evitar llorar. Hace veinte meses que no te veo, que no te oigo, que no te abrazo. Y todavía a veces el mazazo de la certeza me golpea, me abruma, me deshace en lágrimas. No estás. No estás más. Y no vas a volver. Nuestra vida se ha truncado y nunca será igual.

¿Cuándo volveremos a estar los cuatro juntos? ¿Por qué hemos tenido que acompañarte a la tumba? Nada tan patético como llevar la urna de tus cenizas en brazos. Nada tan triste como sentir que el mundo se había vuelto loco, que son los hijos los que ven la muerte de sus padres, y no al revés. Abracé la urna verde pensando en el bebé que veinte años antes habías sido. Te recordé entrando en la iglesia, envuelto en las mantillas de cristianar de la familia. Otra vez lo hacíamos tú y yo, pero ¡qué diferente! Yo sabía que era el último abrazo, y te coloqué unas flores del pruno que hay en el jardín, que acababa de florecer. Para que en tu sueño tuvieras algo que te recordara nuestra casa.

Tenías toda la vida por delante… tantos años, proyectos, amores y amigos… en un instante… por la locura de unos, la prepotencia de otros, la desidia de algunos, la estupidez de aquellos, la maldad de esos…

Unos padres nunca deberían ver morir a un hijo. Es una idea tópica. Pero además se le une la tristeza de la afinidad perdida, del cariño, la confianza, el amor compartidos… Lloro por ello, pero, a la vez, qué paradoja, es lo que nadie me podrá quitar. Hasta donde fue, mereció la pena. Volvería a pasar por todo otra vez con tal de conocerte, de amarte, de ser tu madre de nuevo. No renuncio a un solo momento de los que compartí contigo. Espérame, hijo. Sal a buscarme cuando llegue mi hora, por favor.

Hoy lloro sin parar, Rodrigo. Pienso en ti y en los abuelos, pues os habéis ido juntos, en tan poco tiempo… Me entristece ver cómo se adelgaza la familia, cómo se queda tu hermano solo…Y siento deseos de marchar, de no luchar más por esta vida miserable.

Luego veo a mi lado a tu padre, cariño. Hombro con hombro, me apoyo en él o se refugia en mí. Y comprendo cuánto os quiero, qué suerte he tenido a pesar de todo. Tú ya llegaste a la casita, pitufo azul, del parchís. Estás bien, protegido, feliz, esperándonos. Papá, tu hermano y yo vamos y venimos por el tablero. Arriba y abajo. Es cierto, aunque nos “coman” la ficha varias veces, terminaremos llegando hasta ti. Debemos tener paciencia.

Te quiero mucho, Rodrigo. Quisiera oír tus risas, tus canciones; notar tu alegría contagiosa; bailar a tu lado, sentir tu abrazo; escuchar las anécdotas de tu vida, los nombres de tus amigos, las aventuras del día a día…

Espero poder vivir contigo todo eso en tu no-espacio-tiempo. Por favor. Deseo compartir contigo las vivencias de Aquí y las de Allá. Para algo he descubierto que, finalmente, no estamos del todo incomunicados, no estamos tan lejos.

Ven a mis sueños, a las meditaciones, a las relajaciones de hemi-sync, a lo que leo y reflexiono. Gracias por enseñarnos tanto, Rodrigo. Seguimos caminando, desgastando nuestras botas de hierro, pensando en ti, deseando volverte a encontrar.

Hasta prontito, hijo. Te quiero mucho, mucho, muchísimo:

Mamá

Blog de Roltrigo, noviembre de 2005

Carta a mi hijo

2009 Diciembre 18
por Deyanira

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Hola, Rodrigo, hijo querido:

Ha pasado otro mes sintiéndome aislada y muy triste. Un mes sin mi padre y otro más sin ti, cariño.

Te busco entre las sonrisas jóvenes, en los ojos enamorados, en el cielo de los amaneceres y atardeceres. Pero no estás allí.

Te busco entre las palabras de tu hermano, en el flequillo loco y la coronilla revuelta de papá, en mis mejillas redondeadas. Tampoco te encuentro.

Me faltan paz, calma, para meditar. Mil ideas embarullan mi mente. Pero pienso en ti. Nada me va a separar de ti, jamás. Ni la muerte, ni el tiempo, ni el olvido. Porque no existen. Porque son débiles frente al amor que te tengo, que puede con todos ellos.

Cuánto te quiero, hijo. Cuánto te añoro. Qué solos nos has dejado, qué vacío imposible de llenar.

Te supongo ocupado, ascendiendo en tu evolución. Sé que no puedes estar aquí conmigo, que tengo que seguir mi camino y que vendrás cuando sea necesario. Posiblemente me visites en sueños y yo no me entere. Medio recuerdo haberte sentido en uno de ellos. Perdona que sea tan poco consciente. Mándanos luz.

Tened compasión de nosotros, de nuestra soledad y tristeza. No os sintais atados a nuestras lágrimas, volad felices y libres. Pero enviadnos unos polvitos de estrellas de vez en cuando, que nos ayuden a seguir en este mundo sin vosotros.

Busca a mis padres y diles que los quiero, Rodrigo.  Enseñadnos a bregar con la maldad, la inquina, la osadía de la ignorancia, la mala fe… Busca a todos los mayores y pídeles luz en este asunto desagradable que tantos disgustos le costó al abuelo. Por favor.

Rodrigo, Rodrigo, Rodrigo.

Hoy coloqué la ropa de tu armario: tus camisas favoritas me siguen haciendo llorar. Veo tus zapatos y me parece imposible que no estés, que hace año y medio que no pises esta casa, tu habitación, que no duermas en tu cama, que no protestes por las verduras, que no bailes claqué tan mal, que no nos cuentes tus cosas…

Quizá sea cierto, quizá tu marcha sea para ti un regalo, aunque a nosotros nos parezca el peor desastre. No te olvides de tu mamá, cariño. No puedo dejar de pensar en ti. Y tengo miedo porque no me contestas. ¡¿Estás bien?! es lo mismo que te escribí al móvil aquella maldita mañana. Un día y una noche tardamos en encontrar la respuesta.

¿Por qué, mi amor? ¿Por qué te has ido así? ¿Por qué se salen con la suya unos locos malvados y te arrebatan la vida? ¿Por qué nadie nos salva de este mundo miserable?

Aún tenías muchas cosas que hacer aquí.
Pensé que te vería madurar, que vería a tus hijos.
Me duele tu muerte como una inmensa herida.
Me habría cambiado por ti mil veces, sin dudarlo. Pero nadie me dio a elegir.

Rodrigo, hijo, ¿estás bien?

Siento parecer la madre pesada que lleva la cuenta del número de días que hace que no la llaman por teléfono. Desde tu lugar lejano, cuando puedas, mándame tu amor. Y haz que consiga sentirlo.

Hasta pronto, cariño. Todo mi amor:

Mamá.

Blog de Roltrigo, octubre de 2005

Tus amigos vienen de visita

2009 Diciembre 13
por Deyanira

Ayer vinieron a casa dos de tus amigos: E y N.
Lo sé. E era tu mejor amigo de la Facultad. Con quien tenías confianza, al que le diste uno de tus dos peniques de la suerte. El otro lo llevabas encima el fatídico día en que te fuiste. La suerte no existe, cariño. Lo tengo guardadito, porque fue tuyo. Ojalá estuvieras tú, y esa moneda en el bolsillo de tu camisa, como solía.

Cortamos una capa marrón para N. Nos contaron montones de batallitas, como hacíais tu novia y tú. Y se veía traslucir una enorme bondad y cariño tras sus ojos. Papá me dijo luego que parecía como si a su lado estuvieras tú, riendo sus aventuras, regalándonos esas pocas horas de conversación.

Al principio se les veía un poco cortados, porque no nos hemos tratado mucho. Estoy segura de que les ha costado vencer su natural timidez. Seguro que vinieron por ti, por todo lo que te querían, porque de algún modo era una forma de honrarte y de quererenos, en tu nombre, aun sin decírnoslo.

Pero no hablamos de ti, sólo papá te citó una vez. Y ellos no dijeron nada. Luego el hielo se fue rompiendo. Eran alegría y energía como las tuyas. Ahora los recuerdo, os recuerdo  a ti y a M, mi parejita feliz, y te añoro muchísimo, Rodrigo. Me parece lejano, casi mentira, que una vez estuviste con nosotros. ¡¡Este maldito cerebro humano que sólo sabe procesar el presente!!

Pero gracias por regalarnos a tus amigos y esa afición en común que nos sigue manteniendo en relación con ellos y contigo. Gracias por haber sido tan generoso. Gracias por haber vivido con nosotros. Gracias por comunicarte a través del cariño de todos, por consolarnos, por querernos.

Hasta pronto. Te quiere mucho:

Mamá

Blog de Roltrigo octubre 2005